¿Es justo provocar la fe de los islámicos?

Por: Juan Arias

Dialogo entre las tres religiones del Libro
El tema es casi tabú. Lo sé. Sin embargo, es de la mayor actualidad. Delicado, contrastado. Peligroso incluso,
 y que roza derechos sagrados del mundo libre. Me refiero a la libertad de expresión y concretamente de sátira que la mayoría antepone al derecho de los islámicos al respeto a su fe.

El tema lo ha planteado en el diario O Globo, en sus páginas de Opinión, el juez del Tribunal de Justicia del Estado de Rio, Wagner Cinelli.
Titula su artículo “El respeto es bueno” y pregunta: “¿A quién no le gusta ser respetado?”.

Según el juez brasileño, se habla poco de un cierto equívoco europeo que decorre de su “arrogancia cultural”. Y escribe: “Tenemos que repensar la antigua obsesión occidental de tomar sus principios como los mejores y por ello por encima de cualquier otra consideración”.

Y se pregunta aún Cinelli, de origen italiano: “¿Conocemos como deberíamos en un mundo moderno y globalizado la cultura islámica? Y si la conocemos ¿cual es el motivo de una reiterada provocación de la misma?”.

Y concluye: “Los islámicos no son salvajes. Lo que desean es que se respeten sus creencias. Al final de cuentas, el respeto a los demás es algo positivo”.

El Corán (2)
El juez se había antes preguntado si a nosotros los europeos y americanos, nos gustaría por ejemplo que alguien se mofase del Holocausto judío, perpetrado en el corazón de Europa, o de las barbaridades que hemos cometido con los indígenas y con los esclavos negros.

Se puede criticar el exceso de violencia desencadenado por ciertos grupos fundamentalistas islámicos contra las sátiras occidentales sobre Mahoma y la fe en el Coran. Podemos defender el principio indeleble de la libertad de expresión, que es la entraña de todas las libertades, pero nada en nuestro mundo es sagrado. No lo son las religiones, que pueden y deben ser criticadas, pero tampoco es sagrado ni divino, el derecho a la libertad de sátira, como si tratase de un absoluto sin matices ni posibles limitaciones éticas.

Homosexual torturado durante la Inquisición españolaHomosexual torturado durante la Inquisición Española

A este punto tendría mucho que hablar el gran filósofo Kant que glosó como pocos las entrañas de lo justo y lo injusto y de los imperativos categóricos.
Justamente, nosotros los cristianos, que hoy nos avergonzamos de las hogueras y cadalsos de la Santa Inquisición que creó miles de víctimas inocentes por motivos religiosos, deberíamos ser más atentos, como apunta el juez brasileño, en nuestras apreciaciones y nuestras sátiras hacia la fe del Corán a cuya cultura Europa debe tanto.

No creo que exista un antagonismo entre libertad de expresión, derecho de sátira y respeto hacia la sensibilidad ajena, aunque esa sensibilidad nos pueda parecer exagerada así como la reacción a la falta de la misma por nuestra parte.

Recuerdo que hace 50 años cuando yo tenía una columna el desaparecido vespertino madrileño PUEBLO, critiqué una pieza ofensiva que se representaba en un teatro madrileño sobre Mahoma.

En aquel tiempo era difícil criticar nada y sonó raro que yo saliera en defensa del líder espiritual de los musulmanes. Eran los tiempos en los que a los católicos se les permitía ir a apedrear las iglesias protestantes, por ejemplo.

Mahoma )3)
Tampoco entonces yo estaba en contra de la sátira y del humor, expresiones literarias de la más alta inteligencia, que sin embargo no debería gozar de impunidades sagradas.

Soy antes que nada periodista y defendí y defenderé hasta morirme el derecho a la libertad de expresión sin la cual la barbarie se nos colaría enseguida por las rendijas de nuestro mundo libre conquistado con tanto dolor y sangre.

Al mismo tiempo, pienso, como el juez brasileño, que un poco de respeto hacia la sensibilidad ajena a nuestra cultura no nos haría mal a nadie. Si a nadie le amarga un dulce, a nadie tampoco le amarga un poco de respeto hacia lo que, acertada o equivocadamente, alguien considera importante y sagrado para él como el respeto que los islámicos exigen hacia sus creencias, nos gusten o no.

Las guerras en el mundo han explotado a veces por nimiedades, por falta de respeto a la sensibilidad ajena. Y nada más dañino para la libertad que una contienda sangrienta entre los humanos.

Nunca es, por lo menos útil ni sabio meter sin motivo el dedo en el avispero. Lo escuchábamos siempre los niños de los mayores y después, de mayores, nos divertimos metiendo el dedo donde sabemos que puede explotar la violencia.

DEDICATORIA

Dedico este blog a los cientos de miles de musulmanes que la semana pasada acudieron en devota peregrinación a la Meca, el sueño de la vida de cada islámico de fe.No todos los islámicos son fundamentalistas, como no lo son todos los cristianos ni  todos los judios. Son siempre minorías las que convierten su fe en un instrumento de violencia.

Algo que no deberíamos nunca olvidar.

Peregrinación a la Meca 2012

http://blogs.elpais.com/vientos-de-brasil

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