La placidez del mar

La placidez del mar

Unas horas después salió el sol con tanta intensidad sobre El Médano que el mar aquel que fue pálido es ahora un reverbero de los matices brillantes del calor. Bajo este sol impávido, que ha venido con tal fuerza que ha sido capaz, también, de anular el viento, el visitante más ilustre del pueblo, el mar reproduce los ecos chiquitos que anidan en su memoria imbatible y eterna; pero la claridad del día anula la melancolía y convierte ese sonido de música telúrica en una especie de abrazo a la tierra, un saludo que canta al tiempo que arrulla y al final, de tanto reiterarse, se convierte en silencio, es una forma violenta del silencio. La orilla del Médano, cuando esto ocurre, es una acogedora terraza de oquedades de arena y de piedras blancas. Doy esta noticia porque sería injusto para el día dejarlo en la palidez que tuvo cuando salí de casa hacia Montaña Roja.

Juan Cruz

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