“… murales ganados con las armas en la mano” (Siqueiros)

PorJosé Luis Merino

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DAVID ALFARO SIQUEIROS  (1898-1974)

     El Poliforum es un edificio ubicado en una zona céntrica de la ciudad de México (Distrito Federal), con ocho mil metros cuadrados de superficie pintada. Fui a entrevistar a su autor, el muralista David Alfaro Siqueiros. Nos sentamos en las escalinatas de entrada al edificio. Con sus ojos de pájaro en reposo, Siqueiros se cubría la cabeza con una gorra de la época bolchevique. Parecía un tipo recién salido de una reunión clandestina. Fumaba sin parar, a la manera de los artistas de la Paramount de los años caurenta. Mientras conversábamos pasó un ciego tanteando las paredes con un bastón rústico de puño corvo, como surgido de una película de Buñuel. Fue verlo y no verlo.
Más que entrevista, Siqueiros convirtió nuestro encuentro en una batería de monólogos. No necesitaba preguntas, porque lo que él quería era dictar doctrina política. Quiso dejar bien claro que el derecho a la pintura mural, lo arrancaron por la fuerza gracias al prestigio alcanzado con su participación directa como soldados y oficiales en el ejército de la Revolución Mexicana.
En muchos de sus murales repartidos por el Distrito Federal, como el mismoPoliforum, aparecen Marx, Lenin y Zapata. Para Siqueiros esas tres personalidades eran las que representaron un movimiento trascendente durante la primera época. Y remachó: “esos murales nosotros los hemos pintado, porque ganamos la batalla con las armas en la mano”.
Cuando le mandé la transcripción de la cinta magnetofónica, me la devolvió con algunas correcciones. Se trataba de aquellos pasajes en los que había adulado en exceso a Stalin. Posiblemente se dio cuenta que no se puede comer el pastel y conservarlo.
Más tarde descubrí, documentalmente, cómo en algunos puntos de los discursos que fabricó para mí pareció olvidarse de los estimulantes meses de 1936, época en la que tuvo abierto un taller de pintura en Union Square de Nueva York. El contacto mantenido entonces con los jóvenes admiradores suyos, entre ellos Jackson Pollock –quien fuera más tarde adalid del experimentalismo gestual o action painting–, fue determinante para moderar su manera de pensar. En un discurso del Congreso de Artistas –dictado en suelo estadounidense–, Siqueiros reconoció que la más moderna generación de pintores mexicanos había abandonado la tradición reciente del mural y se había dedicado a “problemas formales independientes del contenido social”. Otra vez el verbo goloso volvía a ponerle en situación comprometida.
El mundo del arte tiene esos vaivenes. Se pasa de la pintura por decreto –“con las armas en la mano”, para decirlo a lo Siqueiros–, al juego de ponerle bigotes a la Mona Lisa, sin ningún pudor. Algunos artistas, en vez de darse loción de afeitar, se pasan por la cara un paño con vinagre, y eso les impide, al parecer, notar que existe diferencia entre arte y documento.
Pero nadie le puede quitar al artista mexicano el mérito de haber pintado miles de metros cuadrados de mural. Ahí quedan para la posteridad sus formidables-potentes-e-inmensas oraciones laicas. No es lo mismo un centímetro cuadrado de verde, que un metro cuadrado de verde, según puntualizaba Paul Gauguin. Puede parecer una obviedad y, sin embargo, no lo es.
En cuanto a lo que quiera decirnos fuera del hecho mismo de pintar, no veo razón alguna para creerle a pies juntillas, aunque lo vaya a jurar por el barro de sus zapatos. Prefiero el olor a pintura, en la seguridad de que lo colores no saben mentir.

* En la imagen: autorretrato de Siqueiros

http://blogs.elpais.com/ladrones-de-fuego

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