Otra Malintzin

Otra Malintzin

Llegan a Tuxpan de las rancherías aledañas, los antiguos pueblos de la ribera del río. Traen tambores, caracoles y sonajas, acompañados de jaranas y cuerdas de violín. Visten de blanco y bonetes, coronas o penachos en sus cabezas, de donde penden los listones del arco iris. En una mano cargan un estandarte de espejos que brillan a los cuatro puntos cardinales. Son puros hombres pero, cuidado, uno viene vestido de mujer y otro es un negro, a manera de diablo. Es la danza de La Malinche que por estos días viene a recordarnos parte de las leyendas indígenas que han sobrevivido a la Colonia en pleno día de muertos.

Bailan y cantan, se pelean con machetes, simulan robar niños y niñas que se portan mal, inventan versos y, al son de la música, nos envuelven de nostalgia. Son las regiones otomíes, totonacas y nahuas que van hacia el Golfo de México, la zona huasteca del país. La danza de La Malinche es Patrimonio Cultural Humano. El rito se repite cada año, entre el 30 de octubre y el 4 de noviembre. La danza de La Malinche o Pijchal. Donde se cantan versitos: “Las muchachas de este barrio/ son como el café molido/ no saben freír un huevo/ y ya quieren un marido./”

Los que más disfrutan son los niños huastecos. Los padres salen a los barrios a buscar a los matlachines o danzantes para que asusten o hagan reír a los chamacos con sus cantos: “Ese niño que está allí/ come mucho cacahuate/ y a las 12 de la noche/ zurre y zurre en el petate./” La imaginería verbal es patente en las fiestas de día de muertos, más allá de los platillos de la región: tamales de frijol y calabaza, atole de naranja de cucho, o el clásico zacahuil, el más grande tamal de la región, de guajolote y puerco.

El origen: a Tuxpan lo conquistaron los aztecas desde antes de la llegada de los españoles. Netzahualcóyotl envió en 1468 a un mayordomo o huehutli, que abusó sexualmente de niños y niñas para luego sacrificarlos. De ahí viene la venganza: los huastecos desollaron al mayordomo y se lo comieron en zacahuil. E inventaron la danza de La Malinche, a la que le cantan: “Allá en la cima del cerro/ hay una espada clavada/ y el que pase por ahí/ se lo lleva la chingada”/. El vestido de mujer es objeto de burlas por parte de la comunidad que asiste a los bailes y versos de la región. Malintzin fue el origen y el rencor en este lado del mundo.

Braulio Peralta/mileniodiario

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