¿Pesa ser hijo de Bob Dylan?

¿Pesa ser hijo de Bob Dylan?

Eso de ser el hijo de un músico famoso tiene sus bemoles. Que lo digan si no Julian y Sean Lennon, por ejemplo, o los vástagos de George Harrison, Ringo Starr y John Bonham. Que lo cuente Jakob, el hijo de Robert Zimmerman, más conocido en los bajos fondos del rock y el folk como Bob Dylan.

Crecer a la sombra de un autor de esos tamaños no debe ser sencillo y destacar por méritos propios mucho menos. De ahí lo notable que ha sido la carrera de Jakob Dylan, quien jamás ha dependido de su progenitor para colocarse como artista y quien (lo más admirable) nunca ha tratado de imitarlo.

Jakob fundó a The Wallflowers en 1990. Se trataba de un grupo que lejos de tener un estilo dylaniano, sonaba mucho más a Tom Petty & the Heartbreakers o a John Mellencamp. Su trayectoria ha sido lenta pero constante, con tan solo cinco álbumes producidos entre 1992 y 2005, de los que destacan joyas como Bringing Down the Horse (1996) y Breach (2000).

Siete años después de su magnífico Rebel, Sweetheart, la agrupación vuelve a las andadas discográficas con un nuevo plato, un portento en el que mantiene su vena siempre apegada al rock más clásico, aunque esta vez con ligeras concesiones al dubstep (no es para menos, ya que en dos de los cortes aparece como invitado Mick Jones, ex The Clash y ex Big Audio Dynamite).

Pero si existe una influencia fuerte en este Glad All Over (Columbia, 2012), es la de Bruce Springsteen. Varios de los temas poseen un sonido muy springsteeniano, sin que esto signifique un desdoro para los Wallflowers. Porque composiciones como “First One in the Car”, “It’s a Dream”, “Have Mercy on Him Now” o “One Set of Wings” son estupendas, aunque mis dos favoritas son “Love Is a Country” y “The Devil’s Waltz”: sencillamente grandiosas, mientras que “Hospital for Sinners”, “Misfits and Lovers” y “Reboot the Mission” (las dos últimas con Mick Jones) resultan por demás seductoras.

Glad All Over es uno de los mejores álbumes de The Wallflowers, un trabajo impecable y elegante que nos dice que, en este 2012, el buen rock sigue gozando de cabal salud.

Hugo Garcia Michel/mileniodiario

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