¿Qué tiene Fidel?

¿Qué tiene Fidel?

Por lo visto, nada: al paso que va el comandante va a presidir el fin del mundo. El último rumor sobre su muerte —como el penúltimo y el antepenúltimo— parecía venir de muy buena fuente, y no: allí están las fotos donde se le ve frágil, sí, pero sonriente y con el Granma del día en la mano a manera de prueba de vida.

Está claro que Castro, como todos nosotros, algún día morirá. Por su avanzada edad es probable que pronto, aunque ese pronto puede ser mañana o dentro de un par de años. Al margen de los asegunes y turbiedades que envuelven las enfermedades, accidentes y decesos de la mayoría de los líderes autocráticos —buscando prolongar el mito del hombre fuerte e incorrupto; del símbolo aglutinador, a falta de mayores instituciones republicanas—, ¿qué significará esta pérdida para Cuba?

Es difícil saberlo, porque el cambio será tanto como lo empujen por un lado los herederos del poder castrista y castrense —Raúl y su camarilla, pero también los demás generales, no pocos entre ellos disidentes de clóset—, por otro lado Washington y, claro, los mismos cubanos; ya vimos en Venezuela las maneras, mitad azúcar y mitad garrote, que tienen los dictadores carismáticos de enquistarse en el corazón de una parte nada despreciable de su rebaño, al cual con el tiempo convierten en réplica en pequeño de sus vicios y virtudes; en su imagen y semejanza. Pensar que muerto Castro se acaba la revolución es una simpleza, y más cuando en Cuba tienen la ayuda invaluable de las políticas estadunidenses, que mantienen al pueblo atento y en guardia contra el enemigo común y, a la vez, desatento a las mieles del consumismo y de la frivolidad ante las cuales ha sucumbido más de una sociedad fuerte: la juventud cubana podrá decir que odia al imperio con enjundia, pero con esa misma enjundia ama a Madonna o a unos buenos Levy’s sin que el asunto le cause demasiada disonancia: sin duda el embargo es uno de los más fuertes puntales de la dictadura castrista.

Así, aún en el inverosímil caso de que cuando suceda lo que todos los gusanos esperan la isla entera súbitamente rechace los credos bajo los cuales ha vivido el último medio siglo, la reinserción de Cuba en el mundo global será tan dura y larga como fue la de los alemanes del Este cuando la reunificación, pero sin la ayuda de Berlín Occidental alguno.

Equiparar la muerte del tirano a la liberación o el rescate de Cuba es tanto como celebrar los cumpleaños, cuyo paso nos acerca cada día más a las convulsiones de la muerte.

Roberta Garza/mileniodiario

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