¡Que viva la democracia venezolana!

¡Que viva la democracia venezolana!

Fuera de Lee KuanYew, mi autócrata favorito (gobernó 31 años, en Singapur, bajo los colores del Partido de Acción Popular, una especie de PRI de allá solo que un poquitín más eficaz en el tema de la modernidad y el desempeño económico aunque, eso sí, decididamente autoritario en comparación al muy democratizado tricolor de nuestros tiempos), no creo que vaya a existir otro gobernante, fuera de Hugo Chávez, elegido de manera vagamente democrática (digo, persónense ustedes en la República Bolivariana de Venezuela, señoras y señores, y constaten de primera mano la intromisión del aparato del Estado en la campaña presidencial y comprueben el escandaloso derroche de recursos públicos para agenciarse clientelas electorales), que se pueda apoltronar 20 años en la silla presidencial.

Y, bueno, el sufrido pueblo venezolano la ha dado ni más ni menos que un millón de votos de ventaja al caudillo y ahí lo tenemos ya lanzado para romper un nuevo récord en pleno siglo XXI. Se vio obligado el hombre a hacer que cambiaran la Constitución pero, con gente a modo en el Congreso, logró fácilmente su propósito de que las leyes supremas le avalaran sus no menos superlativas ambiciones personales. Él dice que es por la Revolución Bolivariana, con mayúsculas, y por la patria en general, pero no le creemos sus declaraciones al hombre: esto apesta más bien a dictadura institucional, si es que existe el término. Ah, pero quienes han tenido la última palabra han sido los venezolanos y ahí no hay nada qué decir. Para empezar, el pueblo unido jamás será vencido, ¿o no? Y, luego, el pueblo bueno nunca se equivoca, jamás de los jamases.

Desear que Venezuela se hunda todavía más para que la historia le enseñe una durísima lección a esa buena gente es una mezquindad. Una ruindad será también restregarles en las narices, cuando solo queden cenizas, que fueron ellos mismos, y nadie más, quienes quisieron llegar hasta ese destino. Mucha suerte, en todo caso. Y que viva la democracia.

Román Revueltas/mileniodiario

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