Todo cambia en el mundo menos la política

PorJuan Arias

Un lector escribe que estamos necesitando políticos nuevos. Nada más real. Vivimos en un mundo vertiginoso, en el que no nos da tiempo a estar al paso de las novedades, desde la ciencia, a la psicología. Todo cambia con la velocidad de la luz. Menos la política.

SavaterEn mi libro de conversaciones con Fernando Savater “El arte de vivir” (Planeta,1998), el agudo filósofo, me hacía ver que si alguien de hace cuatro siglos resucitara de repente en nuestra sociedad, se sentiría desconcertado. No sabría moverse: ni abrir un grifo, ni encender una luz, ni subirse a un autobús y menos abrir un computador o entender un teléfono.

Y sin embargo, decía Savater, si lo pusiésemos a ver una telenovela, la entendería perfectamente porque desde hace siglos, los sentimientos más primitivos de odio, envidias, rencores, traiciones amorosas etc. Siguen siendo las mismas. Seguimos siendo primitivos en nuestros instintos básicos. Un campo en el que nada ha cambiado.

Algo parecido ocurre con la política. Desde los romanos a nosotros poco o nada ha cambiado. Ante la corrupción de los políticos de hoy siguen vivos y actuales los siete textos de Cicerón contra Caio Verres, gobernador de Sicilia que en los estertores de la República Romana, era un famoso corrupto.

La política, necesaria para la democracia y la organización de la sociedad, se ha quedado sin embargo anclada en el tiempo. Los políticos se perpetuán en el poder que acaba siempre corrompiéndose cuando no existe alternativa y cierran el camino a la sangre nueva.

Necesitamos, sí, como dice el lector de este blog, políticos nuevos, pero necesitamos sobretodo una política nueva, reinventada, modernizada, hija de nuestro tiempo y no pieza de museo.

Si hoy no nos escandalizamos ante las invenciones más espectaculares ni nos conmovemos con las imágenes llegadas desde Marte, porque nada nos parece ya imposible, me pregunto por qué no somos capaces de reinventar la política.

Existe, es cierto, una comezón general en el mundo, un desencanto difuso, casi una apostasía de la política y sin duda, un rechazo de buena parte de los políticos. Y eso en todo el mundo.

¿Por qué esa incapacidad de encontrar nuevas formas de gestionar lo público, de organizar nuestra vida social, de libertar a nuestra democracia de las cadenas del conformismo y de la corrupción de las más diversas especies?

Estamos viendo como ni las llamadas “primaveras”, ni las “olas de indignados”, por preciosas que sean, son aún capaces aún de ofrecer una alternativas a nuestras frustraciones frente a la política.

Sabemos que no existen alternativas a la democracia, a la defensa de las libertades individuales y colectivas, a la justicia social, a la fuerza del voto individual.

Y sin embargo sabemos que todo eso, se nos queda viejo y corto. Nos nos ilusiona más.

Necesitamos un salto cuántico en el mundo de la política. El Planeta está huérfano de estadistas, de creadores. No digo de líderes ni de mesías, que esos nos sobran. Necesitamos de genios que sean capaces de dar un revolcón a esta forma cansina y fosilizada de hacer política.

Michel OnfreyNecesitamos filósofos capaces de repensarnos. Necesitamos, como acaba de afirmar aquí en Brasil, el filósofo francés, Michel Onfray, gente que sea capaz de sorprendernos.

A algunos les ha sorprendido, en efecto, su afirmación de que es posible “tomar el mundo sin tomar el poder”. Según él bastaría con no arrodillarnos ante el poder para que el poder no pueda nada contra nosotros.

Según su teoría de aplicar el principio de Gulliver a la política a través de la multiplicación de pequeños lazos, por la suma de “reyecciones asociadas, sería posible “inmovilizar al gigante Gulliver”.

Según Onfray, el poder, por ejemplo del consumidor posee un poder irresistible. Un rechazo masivo de un producto puede hacer quebrar en 24 horas la mayor multinacional.

Propugna el filósofo el “poder de la razón” contra el poder de “la religión y de la superstición”. Un poder que será siempre de pocos porque la razón, es más rara que la obediencia, ya que las personas “prefieren una ficción que las tranquilice que una verdad que las inquiete”.

No sé si las ideas del filósofo son o no utilizables para transformar la política. De lo que no cabe duda es que necesitamos de pensadores capaces de despertarnosy de hacernos ver que es posible por lo menos imaginar otros caminos nuevos en el campo de la política, aunque puedan asombrarnos o asustarnos, que no los trillados que acaban adormeciéndonos con su falsa seguridad.

http://blogs.elpais.com/vientos-de-brasil

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