“Big Brother” del siglo XXI

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El caso Snowden es mucho más que un tema de espionaje entre gobiernos, el auge de un debate acerca del derecho a la privacidad y el reflejo de una nueva manera de habitar un mundo donde la identidad individual de millones de seres humanos pronto se reducirá a su representación en datos, unos y ceros que circulan, se compran y se venden. En la era digital, para los grandes consorcios de la comunicación y el poder político, somos eso: información.

A cambio de la “gratuidad” de los servicios que ofrecen Google, Hotmail, Yahoo!, Skype, YouTube, Apple o Facebook, los usuarios les damos nuestros datos personales y al hacer clic en “aceptar” a cláusulas de privacidad que raramente leemos, permitimos que nuestros gustos, hábitos y aficiones se vendan a los anunciantes en cacería de consumidores cautivos. Pero que los gobiernos invadan la intimidad, espíen nuestros correos, conversaciones y búsquedas y vigilen nuestras vidas en nombre de la “seguridad”, va más allá. Y aunque la práctica es “aceptable”, según las encuestas, para 56 por ciento de los estadunidenses, hay 2 mil millones y medio de usuarios de internet en el mundo, interactuando en el mayor foro público en la historia, cuya privacidad y libertad de expresión están en juego.

Max Kelly, el máximo responsable, hasta 2010, de la seguridad de datos personales de Facebook (red que ya supera los mil millones de usuarios) ahora trabaja para la NSA, Agencia de Seguridad Nacional de EU. La capacidad para interceptar y procesar datos que tienen los programas Prism y Tempora, utilizados por la NSA y el Cuartel General de Comunicaciones del gobierno británico (GQHQ), respectivamente, sorprende al mismísimo John Le Carré.

Hay todo un reto legal. Antes del escándalo Snowden el experto Shelly Palmer ya advertía públicamente que todos los correos electrónicos con más de 180 días de “antigüedad” se consideran “legalmente abandonados” y que cualquier agencia gubernamental puede acceder a ellos, con el puro argumento de que son relevantes para una investigación, sin necesidad de permiso judicial. Y es que si antes las compañías eliminaban los e-mails de su servidor una vez recibidos por el destinatario, desde el desarrollo de “las nubes”, que ofrecen al usuario espacios infinitamente mayores, nuestros mensajes se guardan permanentemente. Por eso, el senador demócrata Patrick Leahy propone actualizar las viejas leyes de privacidad para que sean acordes a las nuevas realidades tecnológicas.

Tim Berners Lee, inventor de la WWW, defendió la libertad de internet ante la reina Isabel mientras lo premiaba el pasado 26 de junio: “(…) tenemos que asegurarnos de que no se desplace a (manos de) grandes compañías o gobiernos que buscan el control total”.

Como Google o Yahoo!, que tuvieron su fase independiente, hoy mismo algún joven genial crea en su dormitorio un instrumento nuevo para alimentar la utopía de la democracia electrónica, pero toca a los ciudadanos defender su derecho a la intimidad, antes de que nos preguntemos, como predice Palmer: “¿Está tu ADN protegido por copyright?”.

Adriana Malvido/http://www.milenio.com

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