El ‘narco’ y sus locos

El 'narco' y sus locos

La animalidad, ha escrito Michel Foucault, ha escapado de la domesticación de los valores y símbolos humanos; es ahora ella la que fascina al hombre por su desorden, su furor, su riqueza en monstruosas imposibilidades, es ella la que revela la rabia oscura, la locura infecunda que existe en el corazón de los hombres.

El espectador de la realidad supondrá, con no poca razón, así se hable de locura, que el texto anterior se ajusta a muchos episodios de actualidad, a sabiendas que el filósofo francés murió en 1984. Es decir, su carácter contemporáneo está avalado por hechos y bien puede trasladarse a esta década y fracción del siglo en vigor.

Sorprenderá saber, a quienes tienen pendiente la lectura de Historia de la locura en la época clásica (FCE, decimocuarta reimpresión, 2012), que Foucault alude a figuras fantásticas propias del arte medieval. Del Infierno de Thierry Bouts a La Tentación de Grünewald. Porque en el pensamiento del Medioevo, las legiones de animales representaban simbólicamente los valores de la humanidad.

La noche del 23 de enero de 2009, el fusilero preparaba la edición de MILENIO Diario con Ciro Gómez Leyva. Ese día la Policía Federal dio a conocer que la víspera, en Tijuana, había logrado la captura de un hombre que colaboraba con un poderoso jefe del narco. La escalofriante cifra revelada por Genaro García Luna, entonces secretario de Seguridad Pública (confesión de al menos 300 asesinatos), iba acompañada por un no menos siniestro detalle: todos los cuerpos habían sido desechos en ácido por quien dejó de llamarse Santiago Meza López para convertirse en El Pozolero.

El hecho extraordinario, jamás imaginado por los autores de los libretos cinematográficos de las varias películas de la mafia que incluyen personajes con el oficio de “limpiadores”, había ocurrido en México y, dato aún más revelador de este envilecimiento del espíritu, en solo un año. Ni elcleaner de Nikita (Luc Besson, 1990), interpretado por el gran Jean Reno, ni cualquier otro especialista surgido de la ficción, pueden presumir semejante hoja curricular.

Sí, genocidas hay desde la antigüedad. Pero este hombre no es tal. Él “solo” los disolvió por órdenes de Teodoro García Simental, sicario que a su vez cumplía los deseos de los hermanos Arellano Félix. De Vlad Dracul a Stalin, de Mao a Hitler, los números de víctimas de la enajenación solo pueden ser aproximaciones, cálculos en todo caso conservadores.

Pero cuando un monstruo pasa de las páginas de la historia a la de los diarios, personaje no ficticio contemporáneo, el miedo reina como en aquellas aldeas del Renacimiento que, en voz del propio Foucault, abjuraban de los tripulantes y los pasajeros de las naves de los locos, “nuevos objetos que acaban de aparecer en el paisaje imaginario (…) extraño barco ebrio que navega por los ríos tranquilos de Renania y los canales flamencos”.

Hoy la aprehensión del jefe máximo de Los Zetas hace del conocimiento público que es, según las autoridades, el sujeto que ordenó la matanza de migrantes, en su mayoría centroamericanos, en San Fernando, Tamaulipas, en 2011. Su numeralia se acerca mucho a la del dúo tijuanense antes mencionado. Y la pregunta obligada es qué pasa por la mente de un individuo para alcanzar estos extremos del horror. La victoria, para usar la expresión del filósofo francés, no es de Dios ni del diablo: es de la locura.

Alfredo C. Villeda/http://monterrey.milenio.com

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