La manera más estúpida de morir en Río de Janeiro

Por: Francisco Peregil

Este vídeo que hace furor en Youtube muestra algunas maneras estúpidas de morir en Río de Janeiro. Ir en bicicleta por la calle, que te atropelle un autobús (Bus Rapid Transit), tropezar con una tapa de alcantarilla, asistir a un partido en el estadio de Engenhão, inaugurado en 2007 y cerrado este año por deficiencias de construcción…  Como contaba el miércoles O Globo, la idea surgió hace tres meses cuando unos publicistas cariocas decidieron divertirse haciendo una parodia de otro anuncio australiano. Ellos aseguran no tener ninguna relación con ningún partido político y tampoco la tenían con ningún movimiento social de los que iniciaron las protestas el 6 de junio. Pero después metieron en el vídeo unos pececillos con pancartas (“los tiburones no nos representan”), por hacerle un guiño a las manifestaciones.

Yo propongo otras razones estúpidas.

Se puede morir de exasperación, intentando encontrar hoteles baratos en Río. O algún hotel con menos de cuarenta años, alguno que no sea rancio ni desfasado. O, por lo menos, alguno que no cobre una tarifa adicional por conectarte a Internet en la habitación. Teniendo en cuenta que dentro de un año se celebrarán los Juegos Olímpicos estos detalles no parecen supérfluos.

Pero la manera más estúpida de morir en Río, también en Brasil, es por indignación. Para eso, sólo hacía falta abrir la Folha d S. Paulo el miércoles y leer cómo el presidente de la Cámara de Diputados, Henrique Eduardo Alves (del centrista Partido del Movimiento Democrático Brasileño), después de haber visto y escuchado a lo largo de tres semanas cómo millones de compatriotas salían a las calles para decir basta de malversar el dinero de todos, basta de corruptelas, de enchufismos, de amiguismos, basta del politiqueo de siempre a la vieja usanza…

Después de todo eso, como si el país no hubiese vivido las mayores protestas que se recordaban desde las postrimerías de la dictadura, el presidente de la Cámara de los Diputados hizo llamar a un avión de la Fuerza Aérea Brasileña (FAB) el viernes 28 de junio previo a la final de la Copa de Confederaciones para que acudiese al municipio de Natal, capital de Río Grande del Norte. Una vez allí, metió en el C-99 a su novia, Laurita Arruda, a dos hijos de ella, un hermano publicista de la susodicha (lo que viene denominándose cuñado), a la esposa del cuñado y a su propio hijo.

En total, metió a seis personas de gorra, de carona que se dice en portugués, de carona total, y se fueron a Río. El domingo vieron la final de la Copa y se volvieron a Natal en el mismo avión, con la compañía adicional de un amigo del cuñado.

Sería estúpido morir de indignación por eso. Porque, entre otras cosas, uno habría perdido la oportunidad de morir mucho más indignado al día siguiente, cuando Henrique Alves declara ante la prensa que sí, que bueno, que vale, cometió el error de “permitir” que esas personas le acompañasen gratis en el vuelo. Pero… “Estoy aquí reconociendo ese error y ya mandé resarcir el valor correspondiente de cada pasaje”. O sea: 9.700 reales (3.300 euros) por los billetes de los siete pasajeros en un avión exclusivo de las Fuerzas Armadas.

Y aquí paz y después gloria. Como si no hubiese ocurrido nada. El presidente de la Cámara de Diputados considera que con devolver 3.300 euros ha cumplido con la legalidad y con los ciudadanos. Aprovechando que ya pasó la Copa de Confederaciones, que el mundo ahora sólo tiene ojos para la plaza de Tahir, aprovechando que la gente parece –sólo parece—haberse quedado cansada con tanta protesta…  No pasa nada. Se deja que corra el tiempo y ya está. Mientras tanto, seguro que Henrique Alves trabajará duramente en sacar adelante la reforma política que Dilma Rousseff ha prometido.

El listón lo ha puesto muy alto Henrique Alves. Pero de aquí al Mundial de 2014 seguro que encontramos otras razones más estúpidas para morir en Río.

http://blogs.elpais.com/el-sur

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