Revolución de la sensibilidad

Revolución de la sensibilidad

La historia es el espectáculo de las paradojas dijo, con otras palabras, Alexis de Tocqueville. No camina en una coherente línea recta, vinculando virtudes con provechos, sino muchas veces convirtiendo en benéfico lo innoble. Aquello que sostiene un régimen es también lo que lo amenaza. Al hablar del cambio político detectó que la mejora es riesgosa. La revolución no es el estallido provocado por la inmovilidad. Por el contrario, es producto de ese cambio. La revolución no es, como pensó Burke, la suplente furiosa de la reforma que no llega: es la hija impaciente de la reforma que tuvo éxito. La prosperidad instaura demandas que son casi imposibles de atender. Por eso la mejoría no alimenta la complacencia sino la rebeldía. Así lo ponía el sociólogo francés: “No siempre sobreviene una revolución cuando se va de mal en peor. La mayoría de las veces ocurre que un pueblo que había soportado sin quejarse, y como si no las sintiera, las leyes más abrumadoras, las repudia con violencia cuando se aligera su carga. El régimen destruido por una revolución casi siempre es mejor que el que lo había precedido inmediatamente, y la experiencia enseña que el momento más peligroso para un mal gobierno suele ser aquel en que empieza a reformarse.”

Tocqueville no recomendaba, por supuesto, la perpetuación de la opresión. Eternizar la servidumbre y la indigencia para no correr el riesgo de la inestabilidad. Advertía simplemente que la prosperidad económica, la igualación política, el avance de las libertades lanzaba a la política desafíos extraordinariamente complejos, retos que la postración nunca provoca. La prosperidad estimula el descontento. A los franceses, dice el sociólogo en su ensayo histórico, “les pareció su posición más insoportable cuanto mejor era.” Ese es asombro que cautiva a Tocqueville: la estabilidad está en mayor riesgo precisamente cuando los sociedades prosperan más rápidamente. Bajo el despotismo pétreo, los peores arbitrariedades son asumidas como algo ineludible, cuando las libertades se abren camino, los abusos más leves generaran un escándalo. Cuando no se espera nada del futuro, el hombre se vuelve sumiso, calla, obedece. Pero cuando se activa la imaginación de un futuro venturoso, el hombre se apresura a exigirlo de inmediato.

Continuar leyendo “Revolución de la sensibilidad” »

Lo leì en: http://blogjesussilvaherzogm.typepad.com/

Deja un comentario