VAGABUNDO DE LA EXISTENCIA

VAGABUNDO DE LA EXISTENCIA

El día que dejamos de andar comenzamos a morir. Caminar es nuestra esencia; somos vagabundos de origen. El andar los caminos está en lo más profundo de nuestra naturaleza. Somos viajeros y caminantes, así es como aprendimos a sobrevivir como especie. La vida se movía y nosotros nos movíamos con ella, nos adaptábamos a un mundo dinámico y hostil y caminábamos sin dejar huellas que pudieran ser seguidas…, qué tiempos aquellos en que los senderos eran individuales y no teníamos percepción del pasado. Éramos nómadas y nunca volvíamos la espalda.

Nada era de nuestra propiedad pero el mundo entero era nuestro. Caminábamos de sol a sol y sin rumbo, no había prisa pues no existía un destino, no había errores pues no había pasos marcados, no había tiempo pues no existían los proyectos, no había frustración a falta de expectativas, y nadie se deprimía en domingo ante la amenazante llegada del lunes. No había civilización y por lo tanto no conocíamos la infelicidad.

Nuestro primer viaje fue muy corto pero el más significativo: transitamos de las copas de los árboles al suelo. A partir de ahí nada ni nadie pudo detener nuestros pasos, primero tocamos el suelo y después tocamos el espacio.

Tuvimos que cambiar porque el mundo cambiaba. Todo lo que somos como especie deriva de esa fundamental aceptación de la naturaleza de la existencia: todo cambia. Pero conforme nos fuimos haciendo inteligentes aprendimos a modificar el mundo…, de pronto descubrimos un camino tramposo: adaptar el mundo a nuestras necesidades. Somos la única parte de la existencia que tiene esa posibilidad, y somos también el único ser con capacidad de sentirse miserable. Quizá esos dos puntos estén relacionados.

 Fue hace millones de años cuando nos pusimos de pie a ras de piso, pero fue apenas hace unos doce mil años que dejamos de deambular por el mundo. La inteligencia que nos fue otorgada por la evolución nos dio la capacidad de establecernos, de dejar de adaptarnos, de modificar el entorno. Ahí dejamos de andar y comenzó la muerte de nuestro espíritu. Nos hicimos sedentarios.

Desde entonces la subsistencia dejó de ser nuestro único problema y pasó a ser nuestra única certidumbre. Todos los demás problemas comenzaron a aparecer. Comenzaron a tener nuestras preciadas falsas ilusiones: la posesión, el dominio, el poder, el control…, como si la existencia fuese algo que pudiera ser atrapado y programado, en vez de ser como el aire que necesariamente se nos escapa entre los dedos.

Ninguna parte de la existencia tiene posesiones…, nosotros tampoco, y aun así vivimos esclavos de esa ficticia percepción. Tratamos de poseer cosas, y en diversos formatos tratamos de poseer gente. Nos establecimos y desde entonces vivimos la fantasía de que la realidad debe adaptarse a nuestros caprichos o necesidades.

La existencia y la vida siguen fluyendo como han hecho desde siempre, todo se transforma como siempre ha sido, los ríos siguen llegando a los océanos y todo sigue siendo absolutamente perecedero. Pero nosotros dejamos de andar el mundo, dejamos de hacer caminos para recorrer los de otros, dejamos de cambiar con la realidad, dejamos de fluir, construimos presas que nos impiden llegar al océano.

Nos hicimos sedentarios y echamos a andar el mecanismo del deseo, con lo que sólo aseguramos nuestra eterna desdicha. Desde entonces todo fluye menos nosotros. Nos hicimos sedentarios y pretendemos que por ese solo hecho toda la existencia hizo lo mismo. El viento sopla pero no empuja nuestra barca, las estrellas estallan pero no nos iluminan, el agua brota pero no nos purifica. La existencia sigue siendo una sola y nosotros nos divorciamos de ella.

Yo nunca dejo de andar. El mundo se me presenta como misterio porque no tengo certezas, descubro sendas inimaginables en cada paso en solitario, no tengo miedo a perder nada pues nada es justamente lo que poseo. Las cosas y las personas vienen y van, pasan ante mí, las disfruto en el momento presente en que son parte de mi vida y las despido con agradecimiento. Descubrí el secreto de la indestructible plenitud. Veo pasar el mundo y el mundo me ve pasar a mí. Soy nómada eterno…, un vagabundo de la existencia.

 

VAGABUNDO DE LA EXISTENCIA

Fuente: http://www.facebook.com/notes/juan-m-zunzunegui/

Deja un comentario