Cuando la voz humana puede ser sublime

Por: Fernando Navarro

 

La Ruta Norteamericana se acerca a los documentales musicales que están por venir. De la mano de Toni Castarnado, colaborador habitual de este blog, nos detenemos en distintas propuestas cinematográficas pero, especialmente, en una que se presenta muy golosa para los amantes de la música.

Texto: Toni Castarnado

Aprender. Ese es el fin. Para gente inquieta, esa es una de las prioridades. Mi madre siempre me dice aquello de que nunca te acostarás sin saber algo nuevo. Y eso yo lo sigo al pie de la letra tenía. Y durante la decena de días que dura el In-Edit Festival Internacional de Documental Musical de Barcelona, debes estar preparado para tomar como mínimo una lección por jornada. Con la quiniela lista para elegir entre las más de cincuenta propuestas que tienes a tu disposición, y las neuronas frescas para asimilar información, imágenes, emociones varias. Y cada edición, y ya van 11, estás esperando a ese documental que te rompe los esquemas, que te deja sin habla, que cuando sales de verlo lo único que deseas es compartirlo con quienes estaban cerca de ti en esa sesión, y recomendarlo a quien no lo ha visto. Crear ese boca a oreja que tan bien funciona en este evento, pues como al menos hay un par de pases, casi siempre hay la posibilidad de redimirse, o como en mi caso esta vez, repetir experiencia con “20 Feet From Stardom”.

Éste no me cogió a pie cambiado, lo tenía marcado en rojo junto a “The Punk Singer”, la emotiva historia de lucha de Kathleen Hanna, la líder del movimiento riot grrrl. Y “20 Feet From Stardom” también me venía como anillo al dedo: mujeres coristas, esas que como su título índica, están solo a veinte pasos de la fama. Una de las chicas de la organización que conoce mis gustos me avisa el día de la presentación: “Toni, no te la pierdas, está hecha para ti”. Durante los días previos al pase, vi el trailer cada vez que asistía a cualquiera de los innumerables títulos que visioné y disfruté, y las ganas iban en aumento. Ese medio minuto de avance, ese cruce de miradas entre Merry Clayton y Mick Jagger mientras suena el estribillo a pelo del “Gimme Shelter” de fondo. Un buen aperitivo. Y como las cosas no son por casualidad, justo el día que moría Lou Reed, me enteré allí de la noticia mientras iba de una sala a la otra.

En “20 Feet From Stardom”, de la primera canción que hablan es precisamente de “Walk On The Wild Side” y ese famoso y reconocible coro que acompaña a la canción. Curiosamente, la primera pieza que escuché del neoyorquino fue esa, pues era la banda sonora de una película que ponían mis padres cuando yo era un renacuajo en un viejo proyector que teníamos en casa. “La voz humana puede ser el más sublime de los instrumentos musicales”, dice Sheryl Crow al inicio del documental. También opinan Bruce Springsteen, arrolladora su presencia en pantalla grande, un Sting muy natural y nada divo que se sincera como si fuese un libro abierto, o Stevie Wonder, pura magia, puro encanto. Si bien tras esas estrellas hay un elenco de mujeres (la pregunta es, ¿por qué no hay prácticamente hombres coristas?), en su mayoría afro americanas (curioso que la única blanca que aparece, Jo Lawry, es de la que no se habla nada), que tienen una historia tras de si que merece un análisis como este, un repaso tan hermoso como el que nos brinda esta cinta.

Empezando por The Ikettes, seguidamente Darlene Love de The Crystals -antes en The Blossoms como punto de partida cantando para Elvis, Sam Cooke o Dionne Warwick– y su aventura junto a Phil Spector, la mujer sobre la cuál gira el guión del filme, es el personaje de mayor relevancia, la que al final consigue entrar en el Rock n´Roll Hall Of Fame, tras salir del negocio porque nadie le hacia caso, y recuperar las ganas de cantar tras escuchar mientras limpiaba casas para sobrevivir, una canción suya en la radio. Merry Claytontambién merece capítulo aparte. Al principio formó parte del grupo de coristas de Ray Charles, pero lo más jugoso vendría después. Sin saber nada, y tras una llamada de teléfono, la sacaron de madrugada de la cama, en bata y con los rulos puestos para cantar “Gimme Shelter” de The Rolling Stones en el año 1969 en unos estudios de Los Angeles. De repente, se vio cantando aquello de “violación, asesinato, estás sólo a un disparo de distancia”. Hizo dos tomas, en la primera estuvo más contenida, para la segunda ya no, los dejó a todos boquiabiertos. Incluso sacó un disco en solitario con ese título y una versión propia, reeditado en 2010 por Repertoire junto a su fabuloso debut -la canción “Southern Man” era canela en rama-. Aunque esta no es la única relación directa en la cinta con sus Satánicas Majestades, todavía hay más. Lisa Fischer lleva casi dos décadas haciendo sus giras junto a ellos. Una mujer sincera, muy pura, que respira vitalidad, alegría. En un momento dado declara a corazón abierto: “no tengo marido, no tengo hijos, a veces pienso que podría tener otra vida, pero soy feliz así”. Y todas, de una manera u otra, tuvieron la oportunidad de grabar un disco por su cuenta, pero no funcionaron, estaban destinadas a ser coristas, por más que tuviesen un gran talento como vocalistas, pero la industria musical es así de caprichosa. Hasta para ella que ganó un Grammy por el single “How Can I Ease The Pain”. “Para mi cantar es compartir”, dice una de ellas.

En cambio, hubo quien decidió tomar otro camino, caso de Claudia Lennear, conocida como `Brown Sugar´, también vinculada a los Stones. Ahora es profesora de castellano. Ver para creer. Pues ella fue una de las representantes de The Ikettes, y estuvo en el celebérrimo concierto en Bangladesh junto a George Harrison entre otros, la experiencia espiritual y emocional más importante de su vida según la protagonista. Hay más historias que se relatan, la de Tata Vega con Motown y que ahora está con Elton John, o la más joven de las aquí reunidas, Judith Hill que es conocida por ser uno de los últimos suspiros que oyó y sintió Michael Jackson en vida. Verlas cantar juntas al final de este apasionante documento el clásico “Lean On Me” es una lección que insufla oxígeno, y que de paso nos recuerda la importancia de los pequeños detalles. Por cierto, antes de tomar asiento para mi segundo visionado, mi amiga, la que me puso sobre aviso, también estaba allí. Ella también repetía. Los dos estábamos exultantes. No era para menos.

Texto: Toni Castarnado, autor de los libros “Mujer y música” (66 rpm) y “Mujeres y música” y colaborador de Ruta 66 y Mondosonoro.

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