Gastrocracia

De Fernando Savater:

La única pasión española que puede hoy compararse con el fútbol es la cocina. ¡Somos una gastrocracia! Santa Teresa nos aseguró que Dios también anda entre pucheros, pero no dijo que se dedicase personalmente a deconstruir albóndigas. Ahora resulta que no hay destino más sagrado y los ilusionistas del fogón son los únicos gurús indiscutibles de una asamblea de crédulos y esnobs. En todas las radios predican los fabricantes de recetas y en cada televisión tienen su concurso de potajes. Todo el mundo va disfrazado de cocinero, como en la tamborrada donostiarra, y hasta a los niños les hacen competir en el arte de remover la olla. Y los que tanto denuncian otras corrupciones de menores, calladitos y contentos. Lo peor es el discurso pringoso y altisonante que pretende darle glamour estético a la fabricación de tortillas o croquetas: peor que los textos de los catálogos artísticos, con eso se lo digo todo. A este paso, el buen gusto tendrá que desembocar en la anorexia o la huelga de hambre. Si Nietzsche viniese a España, ya no diría “no soy un hombre, soy dinamita”, sino “no soy un hombre, soy bicarbonato…”.

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