Jagger, el viejo del rock

Por: Víctor Núñez Jaime

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Cuando en 2001 Mick Jagger concedió una entrevista para ocupar la portada de Saga, publicación dirigida a la llamada Tercera Edad, su intención era “desdramatizar el envejecer” y hacer a un lado la nostalgia para no dejarse atrapar por el pasado. Los sexagenarios Rolling Stones ven en el rock la causa de su antienvejecimiento. Por eso continúan en los escenarios, mientras el público se pregunta una y otra vez: ¿ésta será la última, la penúltima u otra más de sus giras de conciertos?
Más allá de del hábil marketing que los convirtió en la antítesis de sus rivales de turno (Los Beatles), los Rolling Stones iniciaron desde su debut el camino a la leyenda. Al blues lo convirtieron en rock para dejar ver un agresivo estilo: el fiel acompañante durante toda su carrera. Desde entonces, al irrumpir en la cultura de masas, nunca han abandonado las listas de popularidad. Y la lengua de Jagger se convirtió en uno de los iconos del siglo XX.
En 1962 Mick Jagger, Keith Richard, Brian Jones, William Wyman (quien dejó el grupo a finales de 1992) y Charles Robert Watts (Charlie), todos ellos ingleses, formaron el grupo.
Pero es hasta 1967 cuando se inicia la leyenda negra de los Stones, con las detenciones de Jones, Jagger y Richards acusados de posesión de estupefacientes.
Después, Jones abandona la banda: es junio de 1969 y al cabo de algunas semanas se hallaría su cadáver en la piscina de su residencia privada. En ese mismo año se producen otros incidentes durante la gira de la banda por Estados Unidos, destacando la tragedia de Altamont, California: mientras Jagger canta Sympathy for the Devil, un miembro del servicio de seguridad del concierto, perteneciente a la banda de motoristas Ángeles del Infierno, apuñala a un espectador exaltado, quien moriría a causa de las heridas.

Los Rolling volverían a la nación norteamericana hasta 1972. En esa época, el infierno de sus satánicas majestades todavía no es tan confortable como ahora. Aún no tienen a las grandes marcas como patrocinadores. Pocas veces se hospedan en grandiosos hoteles. Sus ventas de discos apenas empiezan a consolidarse. Su historial delictivo ya es suficiente como para preocuparse en determinado por el futuro del grupo. Pero siguen siendo jóvenes y poco les falta para ser la aristocracia del rock.
Robert Greenfield, reportero de la revista Rolling Stone en Londres y amigo de Mick Jagger y Keith Richards, consigue acompañar al grupo en viajes, hoteles y recintos durante el verano de 1972 en los Estados Unidos. No obstante, Jann Wenner, entonces director de la publicación musical, pensaba contratar a Truman Capote para encargarle la historia definitiva de los Stones. “Son unos completos imbéciles. Jagger no sabe cantar. Eso del unisexo no es sexo. Créanme, es tan sexy como un sapo meando”, respondería el autor de A sangre fría.
Sin embargo, el proyecto del libro ya estaba en la cabeza del reportero Greenfield (y terminaría siendo Viajando con los Rolling Stones, publicado por Anagrama) y supo aprovechar la oportunidad de penetrar la burbuja de la banda. Durante casi tres meses escucha y toma notas. Desarrolla su capacidad de observación y precisión para llenar de detalles la narración ofrecida a los lectores. Con varios párrafos llenos de contexto, descripción y acciones de los protagonistas, plasma las características de cada ciudad visitada durante la gira. En consecuencia, consigue atrapar la atmósfera cotidiana de principios de los años setenta en Estados Unidos.
5556-the-rolling-stonesEn 1972 se reúnen el presidente Richard Nixon y Moao Tse-tung con la intención de aliarse contra el poder creciente de la Unión Soviética. El escándalo Watergate, luego motivo de renuncia de Nixon, se inició al descubrirse espionaje político en las oficinas del Partido Demócrata en Washington. Después, el grupo terrorista Septiembre Negro asesinó a varios atletas israelíes participantes en los juegos olímpicos de Munich. El PadrinoEl último tango en Parísrecorren las salas de cine a nivel internacional. Y en medio de estos acontecimientos, durante el verano de ese año, Los Rolling Stones (con una década juntos) recorrieron Estados Unidos.
El relato de  Robert Greenfield se inicia en mayo del 72 con los preparativos de la gira. Acuartelados en Los Ángeles, el equipo de los Rolling, encabezado por Peter Rudge, confirma los hoteles donde se hospedarán los músicos, el transporte aéreo, los escenarios donde actuarán, al seguridad disponible y vigilan la circulación de los boletos para los conciertos (seis dólares con cincuenta centavos), los cuales son ampliamente demandadas por los fans, quienes hacen hasta lo imposible para conseguir una entrada.
La prensa escrita y las estaciones de radio anuncian sin cesar las presentaciones mientras los Rolling ensayan y la presión aumenta para luego desembocar en los primeros espectáculos en junio en varias localidades de California, y concluir a finales de julio en New York. Visitan San Francisco, Los Ángeles, San Diego, Tucson, Chicago, Kansas, Washington, entre otras ciudades.
En el ínterin, asistimos a las aglomeraciones masivas (y no tanto) con gemidos, aullidos y patadas de los admiradores de los Rolling; la actuación de policías y guardaespaldas en los “incidentes”. Observamos los ratos de descanso y diversión de los ahora decanos del rock: comida, drogas, sexo, alcohol…: “¿A quién no le gusta doparse en estos tiempos? ¿O tirarse a seis u ocho chicas en una noche?”.
Nos asomamos a las notas enviadas por las fans (“Mick: te la lamería y chuparía si quisieses. Aquí está mi dirección y mi teléfono”). Presenciamos la estancia (con todos sus excesos) de Jagger y su séquito en la mansión Playboy, el encuentro del vocalista con Truman Capote en donde dejan ver la antipatía mutua; el desgaste físico y emocional del grupo a lo largo de dos meses. Nos cuentan los resultados económicos de la gira: “únicamente” 250 mil dólares para cada uno de los Rolling. Y, también, al cumpleaños número 29 de Jagger.
Así que al concluir la lectura de Viajando con los Rolling Stones comprendemos la organización y evolución del trabajo de los Rolling Stones. Vemos cuál ha sido la transformación del rock en una industria capaz de mover millones de dólares y de gente. Advertimos cómo hoy en sus giras mundiales, la leyenda negra de sus satánicas majestades reúne a ancianos con chamarra de piel negra y a jovencitas que se quitan la ropa para lanzarla al escenario. Así, generaciones enteras saltan una y otra vez o por primera ocasión con Satisfaction. Porque para muchos, continua o comienza el efecto mágico: “estar ante ellos es como ver a Dios y follarse a la estrella de cine favorita a la vez.

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