HAY SENTENCIA.

 El problema para la infanta menor es que el pueblo ha dictado sentencia. Sólo hay que oír a la calle. No convence su declaración ante el juez, porque la mayoría de las respuestas fueron “no sé”, “no me consta” y “no recuerdo”. Cristina de Borbón lo firmaba todo, sin mirar lo que firmaba, por amor y confianza. Universitaria, empleada de una importante entidad financiera, no sabe de cuentas ni de dónde sale el dinero con el que paga sus facturas ni nada de nada. Hay que presentar al marido como único culpable para salvar a la infanta ignorante y enamorada, aunque hay cosas que no tienen arreglo. Ni siquiera si logran su objetivo, y el fallo es absolutorio, frenarán el deterioro de una institución que era una de las mejor valoradas hasta que llegaron las desavenencias y los líos, los asuntos turbios, el divorcio de la infanta mayor, la amiga del padre, los elefantes y el descrédito. En los asuntos reales no sólo hay que ser honrado sino parecerlo.

Jesùs Martinez Teja

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