La red, la “nube” y el futuro

Hoy, al hablar de computadoras, todo mundo se refiere a la nube. Subir datos a la nube, servicios en la nube. Pero no siempre queda claro qué es la dichosa nube. A primera vista parecería que es, simplemente, internet: la red de redes que conecta a las computadoras de todo el mundo.

En realidad, la nube no es exactamente lo mismo: contrariamente a lo que su etéreo nombre sugiere, consta en realidad de algo bastante sólido. Más que la red misma, es el conjunto de millones de servidores repartidos por todo el planeta (que al estar conectados forman internet) donde se guardan los datos de los usuarios de servicios en la nube, como iCloud, Dropbox, Skydrive, Google Drive y todos los demás.

Gracias a esto, uno puede no solo almacenar sus datos en “discos duros virtuales” y tener acceso a ellos desde cualquier parte (si hay conexión), sino también usar programas que residen en la nube, como Google Docs o Microsoft Office 365, además de una cantidad cada vez mayor de servicios.

Hace 14 años, en 2000, escribí que en el pasado las computadoras constaban de grandes procesadores centrales (mainframes, que ocupaban habitaciones enteras) conectadas a múltiples “terminales” con pantalla y teclado. El advenimiento de la computadora personal, y luego la portátil (laptop) permitió “desconectar” a las computadoras. Pero el desarrollo de internet, y de los servicios en la nube está reconectándolas, ahora inalámbricamente. “El almacenamiento en un disco duro —escribía yo— posiblemente sea pronto sustituido en su totalidad por una simple conexión a la red”.

Ya casi estamos ahí. ¿Es esto bueno? Yo diría que sí, aunque tiene sus bemoles: en un artículo en la revista Scientific American, David Pogue se queja de la tendencia actual de las grandes compañías de internet a apropiarse de nuestros datos, controlando qué información compartimos, comerciando con nuestras direcciones de email y números de teléfono y poniendo cada vez más obstáculos para borrar nuestra información de sus servidores si así lo deseamos.

Inevitablemente, la nube se cierne sobre nosotros. Para algunos es tormentosa; otros le ven lado bueno. Pero eso sí: nuestro futuro en la nube es ya nuestro presente.

Dirección General de Divulgación de la Ciencian, UNAM

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