LA VERDAD EN EL SILENCIO

La única forma de escuchar, escuchar en verdad, es decir, captar todo lo que se oye, es estar en silencio. No digamos sólo escuchar sino percibir. La única forma de percibir algo, de percibir el milagro mismo de la existencia, con probabilidad de experimentarlo en toda su grandeza, es estar en silencio.

Pero el silencio va lentamente siendo desterrado del mundo humano, no sólo por el bullicio de nuestro mundo, temeroso de un silencio que podría obligarlo a ver y analizar el interior del ser; el silencio es el enemigo del mundo moderno, un silencio que haría a cada individuo ser en realidad un individuo al descubrir dentro de su interior todas las respuestas, un silencio que acabaría con el adoctrinamiento de masas, con el control, un silencio que haría del individuo humano un ser totalmente libre, una libertad que atenta contra los intereses sociales y culturales.

El silencio es el gran tesoro de cada ser, es la liberación absoluta, el lenguaje de la existencia misma que habla a través de su escandalosa quietud. El silencio es el camino que conduce a las respuestas y la verdad, a la contemplación sin filtros ni barreras, de la realidad.

Pero incluso si el mundo quedara en silencio hay un bullicio peor que no permite percibir y escuchar, el ruido de nuestra mente, que temerosa del silencio, del aquí y el ahora, vive en el pasado, en el futuro, en la fantasía y la imaginación, en el correr constante, en la eterna discusión. El único silencio verdadero es el silencio de la mente, que nunca calla.

La mente juzga, y del juicio proviene el sufrimiento, la frustración, la decepción. Además, la mente juzga según una programación de ideas que no fue puesta ahí por nosotros, sino por nuestros padres, maestros, ministros, políticos; por nuestra cultura y nuestra sociedad, por la religión y las tradiciones. La mente está condicionada por milenios de pasado que nunca guardan silencio.

Tu religión, tu cultura, tus tradiciones, tus ideas políticas, y hasta tu equipo de futbol, fueron programados en tu mente y no libremente elegidos. Cada individuo nace en una sociedad que ya tiene todas sus ideas, y el nuevo elemento simplemente las absorbe a través de la educación y la socialización. Es así como pasa toda su vida defendiendo a muerte ideas que cree suyas y que no lo son en absoluto. Ideas que no son más que un eslabón más en una eterna cadena de esclavitud cultural, una ancla al pasado que limita a la mente, y la hace interpretar y juzgar una realidad que no tiene sentido ni moralidad.

Nuestra mente tiene teorías de la realidad, y vive toda su vida con esas teorías, como si la realidad fuera abarcable por el pensamiento y el lenguaje humano, que es lo mismo. La realidad, infinita, eterna, inconmensurable y silenciosa, no podría jamás ser captada por el lenguaje, una creación humana de pocos miles de años. La mente racional trata de comprender una realidad que no es racional ni irracional sino que va más allá de la razón…, y así trata de entender la mente un misterio que no debería ser entendido sino simplemente experimentado.

La mente nunca guarda silencio, por eso no escucha o percibe, sólo interpreta, y toda interpretación es esencialmente un error. En el silencio están todas las respuestas, un silencio que permite trascender la razón, un silencio al que la mente se niega. Realidad sólo hay una, pero hay tantas interpretaciones de ellas como seres humanos en el planeta.

En realidad, bueno sería que tuviésemos siete mil doscientos millones de interpretaciones de la realidad, lo que hablaría de la maravilla de la individualidad humana, pero las interpretaciones son masivas, condicionadas por religiones, tradiciones y sistemas de creencias que no permiten a la mente alcanzar el silencio. Ahora mismo, cada mente expuesta a estas reflexiones, antes que simplemente percibir, ya está juzgando desde sus ideas preconcebidas, o mejor dicho, pre programadas.

Escuchas y percibes a través de filtros, a través de tus ideologías y cosmovisiones, de tu moral religiosa que no es más que una teoría de la realidad, cuando la realidad no es una teoría. Percibes desde tus patrones y condicionamientos, desde tus miedos y ansiedades. Tu mente percibe sólo lo que se ajusta a su programación, y es así como precisamente es la mente la que nos impide ver la realidad cara a cara.

Si cada ser humano, intérprete de la realidad, lograra percibir despojado de sus pensamientos e ideas, vería la misma realidad que todos los demás…, pero entonces dejaríamos de ser una masa controlable para políticos y religiosos, que viven de nuestro conflicto, de nuestro engaño, de nuestro miedo y nuestra oscuridad.

No percibe nuestro ser sino nuestro EGO, que es precisamente la barrera entre nosotros y la realidad, la unicidad de la existencia. Es ese YO consciente el que se siente un ente aislado y separado del resto de la existencia, es ese ego que nos aleja de esa unidad, el origen de toda ignorancia y todo sufrimiento.

Nada en la realidad juzga a la realidad o la interpreta, juzgar es una obsesión humana. Escucha y percibe en silencio, en el silencio interno, en la quietud de tu mente. Cuando analizas la realidad ya no estás percibiendo, estás analizando. En medio del ruido y el bullicio de la sociedad y la cultura sólo percibes todas las voces y teorías del pasado, sólo escuchas un sinfín de notas disonantes. En medio del silencio percibes esa canción que la existencia canta sólo para ti, y percibes todas las notas en una gloriosa y armoniosa sinfonía dela que cada quien es el acorde fundamental.

Juan Manuel Zunzunegui

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