El (evidente) secreto para vivir más y padecer menos enfermedades

Al limitar la ingesta de alimentos, aumenta el uso de nutrientes de reserva en las células. (Corbis)

La mejor forma de prolongar la vida pasa por restringir la ingesta de calorías. El empeño científico por sentar las bases de un envejecimiento lo más saludable posible se ha centrado principalmente en la dieta, responsable de una disminución de la incidencia del cáncer y otras enfermedades asociadas a la senectud, así como del aumento de la esperanza de vida. En este sentido, un equipo de científicos de la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW) ha llegado a la conclusión de que limitar el consumo calórico provoca un retraso en los procesos metabólicos, lo que a su vez frenaría el envejecimiento.

Los autores del estudio publicado en la revista científica BioEssays defienden que este efecto se debe a que, mediante la limitación de la ingesta de alimentos, aumenta el uso de nutrientes de reserva en las células. De este modo se incrementaría la capacidad de reparación del ADN, un mecanismo protector del organismo.

Existen diferentes teorías que afirman que el consumo de una dieta muy baja en nutrientes puede prolongar la vida en animales de laboratorio. La más aceptada es que la reducción del consumo de alimentos es un efecto evolutivo, que se produjo para mejorar la supervivencia en épocas de hambruna. Sin embargo, esta nueva investigación liderada por el biólogo Margo Adler ha demostrado que se trata de un efecto que solo puede generarse artificialmente en el laboratorio.

Reparación celular

El aumento de la vida útil es poco probable que ocurra en la naturaleza mediante la restricción calórica, ya que comprometería la capacidad del sistema inmunitario para luchar contra las enfermedades y reduciría la fuerza muscular necesaria, por ejemplo, para huir de un depredador. A diferencia de las condiciones benignas del laboratorio, la mayoría de los animales salvajes mueren jóvenes por parásitos o depredadores.

Los nutrientes almacenados en las células pueden ser reciclados y reutilizados, lo que reduce el deterioro del organismoDado que la restricción calórica parece prolongar la vida en el laboratorio mediante la reducción de las enfermedades relacionadas con la vejez, es poco probable que tenga el mismo efecto sobre los animales salvajes, que generalmente no viven lo suficiente como para ser afectados por el cáncer y otras patologías a edades avanzadas.

Según los investigadores de la UNSW, este efecto evolutivo se generó paraayudar a los animales a continuar reproduciéndose cuando la comida era escasa, de tal manera que requieren menos comida para sobrevivir porque los nutrientes almacenados en las células pueden ser reciclados y reutilizados, y esto hace reducir el deterioro.

Los primeros experimentos sobre dietas antienvejecimiento y de restricción de calorías fueron llevados a cabo por el nutricionista y bioquímico estadounidense Clive McCay en la primera mitad del siglo XX. McCay logró aumentar la esperanza de vida de las ratas de su laboratorio mediante una dieta hipocalórica. Una de las ratas utilizadas en su experimento vivió 1.800 días, lo que es el equivalente a unos 200 años para un ser humano.

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