La carta de Camus a su viejo maestro después de ganar el Premio Nobel

La carta de Camus a su viejo maestro después de ganar el Premio Nobel

Decir que la vida es un proceso continuo de aprendizaje implica reconocer que, de cuando en cuando, a veces inesperadamente, nos encontramos con maestros que nos brindan y de quienes tomamos enseñanzas preciosas e irremplazables, que quizá no podríamos haber obtenido de  ninguna otra forma. De ahí también la importancia del reconocimiento y la gratitud para los artífices de ese magisterio.

En noviembre de 1957, a pocas semanas de haber recibido el Premio Nobel de Literatura de ese año, Albert Camus dirigió una sensible carta a Louis Germain, una de las figuras decisivas para su destino como escritor y filósofo.

Camus, huérfano de padre desde que tenía poco más de un año de edad, criado por un madre casi sorda y una abuela matriarca responsable del hogar, probablemente hubiera tenido una vida muy distinta de no ser por Louis Germain, quien además de convertirse en una figura tutelar para el niño, alentó sus inquietudes y su curiosidad, encaminándolo a un devenir distinto al que aparentemente se le ofrecía como inevitable.

La carta fue incluida en los apéndices de Le Premier Homme, la novela autobiográfica de Camus que quedó inconclusa por su repentina muerte, en 1960, y publicada en 1995 por decisión de su hija con el apoyo de la editorial Gallimard.

9 de noviembre de 1957

Querido Sr. Germain:

Dejé que el bullicio que me ha rodeado estos días se apaciguara antes de escribirle con todo mi corazón. Recién recibí un muy grande honor que ni busqué ni pedí, pero que una vez que supe de la noticia, mi primer pensamiento, después de mi madre, fue para usted. Sin usted, sin esta mano afectuosa que usted tendió al pequeño niño pobre que era, sin su enseñanza y su ejemplo, nada de todo esto hubiera ocurrido. No me hago una gran impresión de este tipo de honor.

Pero esta es al menos una oportunidad para decirle lo que usted fue y aún es para mí, y para asegurarle que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso en esto, se encuentran todavía vivos al interior de uno de sus pequeños educandos, quien, aun con la edad, no ha dejado de ser su alumno agradecido. Lo abrazo con todas mis fuerzas.

Afectuosamente,

Albert Camus

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