Del tiquismiquis al listo: fauna de los críticos online de restaurantes

Por: Mikel López Iturriaga 

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Anton Ego, en un día de sol. / PIXAR

 

Si hace mal tiempo, las críticas son peores. Ésta es la conclusión más sorprendente a la que ha llegado un megaestudio sobre los comentarios de restaurantes escritos en webs como TripAdvisor o Foursquare. Elaborado por Yahoo Labs tras analizar más un millón de opiniones vertidas de 2002 a 2011 en Estados Unidos, el informe es el primero que analiza factores externos en la valoración de los locales. El resultado apunta a que las condiciones atmosféricas influyen, de forma que la misma hamburguesa churrutera puede obtener aplausos o insultos en función de que haga sol o llueva.

Demographics, weather and online reviews también revela que los restaurantes con mejor atmósfera son mejor calificados aunque sean más caros, que en noviembre se dan las puntuaciones más altas y en verano las más bajas, y que los habitantes de ciudades pequeñas son menos pacientes con las esperas que los de las grandes. En el fondo, el trabajo vuelve a poner sobre la mesa el viejo debate sobre la fiabilidad de los comentarios, discutida ya en el pasado por otros estudios que hablaban de un 16% de críticas falsas en Yelp o por las críticas de los propios hosteleros.

Como persona que, cuando va a un restaurante, no se resiste a mirar antes qué dice la gente en TripAdvisor11870 y toda web que se ponga a tiro, pienso que la clave es saber interpretar lo que leemos en ellas. ¿Muchas opiniones, la mayoría positivas? El local puede estar bien. ¿Muchas opiniones, la mayoría negativas? Lo más seguro es que sea un truño. ¿Pocas opiniones? Mejor no hacer caso. Ahora bien, es fácil saltarse esta norma y dejarse influir por comentarios concretos, sobre todo si son chungos. Para los que, como a mí, os pasa esto, El Comidista y su equipo de fieles seguidores en Facebook han elaborado una pequeña guía para identificar los especímenes humanos que pululan por estos sites, con sus diferentes niveles de fiabilidad.

El tiquismiquis

Nuestro primer biotipo se caracteriza por irritarse ante los detalles más nimios. Le molesta todo: que el mantel tenga una arruguita, que las copas no sean de cristal ultrafino como las que le tocaron en el sorteo del Carrefour, que el plato tenga una pequeña mella sólo perceptible bajo el microscopio o que los camareros no le hagan reverencias como si fuera la reina de Inglaterra. Frase identificativa: “Me pusieron cerca de la puerta, había corriente y me pillé una gripe que me ha tenido tres meses en la cama”. Fiabilidad: 2.

El avaro tragón

En realidad, esta categoría funde dos que suelen ir parejas: los que lloriquean por los precios porque pretenden pagar 3 euros por una lubina salvaje, y los que se enfurecen sin motivo por el tamaño de las raciones al no entender la diferencia entre un restaurante y un pesebre para vacaburras. Frase identificativa: “El chuletón sólo pesaba 800 gramos, vaya timo”.Fiabilidad: 3

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Creo que me voy a quedar con hambre… / GIPHY

El corto

Las personas cortas son las que van a un restaurante indio y se quejan de que los platos son muy especiados. O a uno de vanguardia y lamentan no haber podido tomar un bacalao al pil-pil de toda la vida. O que reservan para 6, se presentan 12 y se quejan porque no les han dado mesa. Exigen lo mismo en Arzak y en La Fonda de la Moñoño, y son muy capaces de poner mala nota a un restaurante por no tener párking. Son la auténtica peste de la clientela en restauración. Frase identificativa: “Muy mala la comida de este peruano. Era picante”.Fiabilidad: 1.

El ‘¿qué hace una chica como tú en un sitio como éste?’

Este grupo está formado por personas que, si tuvieran dos dedos de frente, jamás habrían ido al restaurante que critican. Ejemplos: celíacos en bares de bocatas, vegetarianos en asadores argentinos, alérgicos al anisakis en sitios de sushi o de boquerones en vinagre, etcétera. Sus críticas suelen ser un aburrídisimo lamento por lo que no han podido comer.Frase identificativa: “No entiendo cómo en este bar de pueblo remoto de Asturias no tenían arroz con leche sin lactosa”. Fiabilidad: 4.

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Ahí va un recuerdito del chef. / GIPHY

El plasta comprometido

Es capaz de quejarse en una sola comida de que los huevos no son camperos, de que para poder servir ese atún han tenido que morir docenas de delfines y de que los tomates “tienen demasiado buen aspecto para ser bio”. La carne, por supuesto, alimentada con grano ecológico, y si tiene el día también puede reclamar que provenga de animales que tenían a mano un spa y a los que les hacían la manicura cada vez que lo requerían. Aún así, decide patearse restaurantes de comida exótica –bramando porque el curry no sea de proximidad– y dar la chapa a todo el que tiene cerca con sus arengas, lo que suele convertirle en el más popular del servicio. Frase identificativa: “El encargado de Mc Donalds no me aseguró que la carne con la que se había hecho esa hamburguesa de un euro no provenía de una ternera a la que se llevó, por lo menos una vez, a Port Aventura y cada semana a hacer pilates”.Fiabilidad: 3. (Sugerido por Susana Silva Ollet vía Facebook).
El que no sabe pedir

Hay un perfil de crítico que incomoda especialmente a los que le acompañan en sus comidas en restaurantes y sería capaz de sonrojar a la mismísima Esperanza Aguirre. Es el crítico que no lee nunca el nombre del restaurante, y no pilla que en la Fonda Manolo de Albacete no hay que pedir lo mismo que en Los Pescadores de Santander. Resultado: en un asador quiere una parrillada de verdura y en un restaurante de pescado, churrasco, y se encabezona con pedir bonito con tomate cuando nieva como si estuvieras al otro lado del Muro. Luego anda encabronado y generaliza “en Galicia se come fatal” porque un día tomó paella en Vigo y no le gustó. Frase identificativa: “El ajoarriero de Il Giardinetto di Giuseppe era el peor que he comido en mi vida. Peor que el de Chez Françoise, que ya es decir”. Fiabilidad: 1. (Sugerido por Félix Sánchez Villarejo).

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Cocinero de asador al que le piden “un coctelito de gambas”. / GIPHY

El Don Limpio

Intoxicado mentalmente por un exceso de visionados de Pesadilla en la cocina, no va a los restaurantes a comer si no a hacerles la prueba del algodón. Y nunca la pasan, claro: los baños siempre le parecen poco limpios, los vasos poco brillantes, los platos sospechosos y los cubiertos merecedores de una inspección milimétrica que hace que se le enfríe la comida. Y todo esto igual en el menú largo de El Celler de Can Roca que en el grasa bar de la esquina comiéndose un bocata de lomoqueso, a las seis de la mañana y de pedo. Frase identificativa:  “En el baño había un pelo”. Fiabilidad: 0.

El que te cuenta su vida

La comida en el fondo le importa un pepino, porque las críticas no son más que una excusa para soltar un rollazo que le permite ahorrarse unos eurillos del terapeuta que está claro que necesita fuertemente. Juncal CI, que es quien ha sugerido esta categoría a través de Facebook, leyó una vez una crítica que decía: “El restaurante estuvo bien, pero esa noche mi novia me dejó, así que la cena fue mal”. Otra perla: “El restaurante no era gran cosa, pero mi novia se puso a hacer el helicóptero con los palillos y me lo pasé en grande”. Frase identificativa: “La carne estaba podrida, reseca y fría, pero al agacharse la camarera para ponérmela le vi un pezón. Era así rosadito y redondo. Un 10. Volveré cada día”. Fiabilidad: 0.

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El interés que suscitan estas críticas en los demás lectores. / GIPHY

El que critica la tapa gratis

Probablemente, el tipo de crítico más vil de internet, porque aunque en muchos lugares de este bendito país sea casi religión, no es obligatoria y además es gratis. Pero a él los torreznos que acompañan la caña que ha pedido le parecen demasiado grasientos, el chorizo le da asquete si no es ibérico y la ensaladilla siempre le parece poca. Y sí, encima tiene las santas narices de contarlo en internet. Frase indentificativa: “Las gambas del plato de paella que me sirvieron con la caña de 90 céntimos eran evidentemente congeladas, ¡qué poca vergüenza!”. Fiabilidad: 2. (Sugerencia de Beatrix Martín).

El liante

“El que pide una pizza con rúcula, pero que le quiten la rúcula y en su lugar le ponga las rodajas de tomate muy finas, o unos huevos estrellados con jamón pero sin jamón que es vegetariano, que en su lugar unas alcachofitas rebozadas”, describe Álvaro Ortiz. O dicho de un modo más amplio : el que más que pedir un plato le pasa una receta al camarero, que normalmente incluye ingredientes que ni siquiera aparecen en otros platos de la carta. Frase identificativa: “¿Los postres son caseros? Pues tráigame esa crema catalana pero sin leche, que soy alérgico, y sin azúcar, que estoy a dieta”. Fiabilidad: 3.

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Así reaccionan los pobres amigos del liante. / BUZZFEED GIF FEED

El de pago

Los que cobran por escribir críticas, buenas o malas, según les pida el restaurante (o su agencia de comunicación) de turno. Tienen choporrocientos perfiles y los usan para subir o bajar las puntuaciones de este o aquel local. Suelen tener textos tipo en los que cambian los nombres de los platos, pero por lo demás tienen un estilo de lo más reconocible que literariamente está a nivel de la obra de Ricardo Bofill Junior. Se les puede reconocer fácilmente, sobre todo cuando ves que Manolo Pérez de Albacete asegura haber comido en Murcia, cenado en Alicante, desayunado en Madrid y así cada día de la semana. Frase identificativa: “Es el mejor/peor restaurante en el que he estado nunca. Váis a flipar/potar con sus maravillosos platos/mierdas”. Fiabilidad: -1000.

El pizzademigrante

María Cejudo Ruiz nos recuerda que existe un tipo de crítico con un criterio muy particular: “El que sube una foto movida y oscura de una pizza con un aspecto horripilante y pone como comentario: “PIZZA MARGARITA, HMMMMMMMMMMMMM!!!!!!!!!!!!!!!!!” como si fuera lo mejor que ha comido en su vida”. Las fotos de su perfil son capaces de quitarle la ilusión a la ONCE y sus comentarios siempre son motivadísimos, como si desayunara MDMA a diario.Frase identificativa: “¡¡¡Y de postre me pusieron yogur Hacendado y todoooo!!!¡¡¡TOOOOMAAAA, estaba buenísimo!!!”. Fiabilidad: 2.

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El pavo estaba fresquísimo. / GIPHY

El listo que conoce uno mejor

No sabemos cómo se lo monta, pero en su barrio/pueblo siempre hay un garito en el que lo hacen todo mejor que en el que está comentando. Pero, por supuesto no da el nombre de ese lugar (que seguramente sólo debe existir en su imaginación). Es una sugerencia vía Facebook de Alberto García Moyano, de la que Erquetedihe Lotrodia conoce una versión que riza el rizo: el crítico que recomienda un sitio muuuucho mejor, pero que hace 25 años que cerró. Durante los ratos libres que les deja el duro trabajo de comentar en TripAdvisor y similares, estos opinadores se dedican a comentar en blogs de cocina como éste, soltando este mismo tipo de críticas chovinistas sobre las recetas y lo mucho mejores que eran las de su madre/abuela/hermano/tía la de Cuenca. Frase identificativa: “El cebiche de la tasca del pueblo de Valladolid donde yo veraneaba en los sesenta, ese sí que era bueno y no el de Gastón Acurio”. Fiabilidad: 3.

El crítico frustrado

Lo sabe todo, utiliza expresiones ridículas y pedantes –como “redondo en boca” y otras que darían ganas de liarse a patadas al Dalai Lama y al santo Job–, ha viajado por todo el mundo comiendo en los mejores restaurantes y se conoce al dedillo toda la gastronomía mundial.Todas estas mierdas Todos estos conocimientos también son aplicables a sus conocimientos de enología y al loro con esto, porque es capaz de devolver una botella si su termómetro de bolsillo le dice que está servido a la temperatura equivocada. Frase identificativa: “Yo esto ya lo comí en la Cochimbamba, y no se hace así”. Fiabilidad: 4.

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¿Que se lo pase un poco más? Sin problema. / GIPHY

El parco en palabras

Sus críticas se limitan a una o dos palabras, que normalmente suelen ser “bueno” o “una mierda”. ¿Para qué más, si con eso ya se puede plasmar la esencia de un menú de 12 pases al detalle? Si tiene el día generoso y comunicativo, puede añadir un “volveré” o un “no volveré”. Y ya. Frase identificativa: “Bueno”, “una mierda”, “volveré”, “no volveré”.Fiabilidad: 1. (Sugerencia de Driss Abrouk)

El dueño. Y la familia y los amigos del dueño

Les delata el uso compulsivo de un montón de coletillas: “comida deliciosa”, “servicio atento”, “atmósfera agradable” o “nunca había disfrutado tanto”. Otro detalle que hace que en ocasiones se les vea el plumero: usan con total familiaridad los nombres de los miembros del personal. Frase identificativa: “Me sentí como en casa”. Fiabilidad: 0.

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Eftaba fuenífimo, mamáf. / GIPHY

El buen comentarista
Antagonista de todo lo anterior. Sabe contar lo bueno y lo malo y explicarlo, trata de ser ecuánime y pone fotos realistas pero decentes con las que te haces una idea de lo que ofrece el restaurante. Ayuda a los otros usuarios, y también a los dueños de los locales con críticas constructivas y sugerencias de mejora (siempre en todo amable y sin faltar al respeto), porque lo que dice tiene sentido. En definitiva, es ÚTIL y justifica por sí solo la existencia de esta clase de webs. Frase identificativa: no tiene, porque cuenta cosas distintas en virtud del lugar al que va. Fiabilidad: 10.

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Para comérselo a besos. / GIPHY 

Documentación:Mònica Escudero.

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