Vuelos dadaístas de Yoko Ono

 

  126.Yoko Ono_Guggenheim 2014

            No cambio una sola de mis palabras sobre la muestra de Yoko Ono en el Museo Guggenheim de Bilbao. Sin embargo, tras conocer un libro suyo, titulado Pomelo, valoro sus pensamientos dadaístas en vuelo. Selecciono una mínima parte de ese viaje por el interior de su imaginación. Lo presento en letra cursiva, y le doy una lúdica respuesta con mis propios vuelos, entresacados de algunos libros míos. Quedan todos invitados a pensar y jugar:  
    Corta un cuadro en trozos y deja que se los lleve el viento.
    El arte es la aventura de vivir lo que ignoramos.
    Cuenta las nubes, ponles un nombre.
Por eso me gustan los pájaros, el mar y el aire, porque son de todos y de nadie.

    Lanza una piedra al cielo tan alta que no vuelva.
Solo las palabras rebeldes serán capaces de edificarnos.

    Escucha los latidos de un corazón.
Los pasteles del alma son el alimento más nutritivo de los seres vivos.

    Mira el sol hasta que se ponga cuadrado.
Una bombilla es un sol que no creció.
Junta tus sombras hasta hacerlas una.
Nací un día sin arco iris; el color lo fui tomando mientras me hacía hombre.

    Envía algo que no puedas contar.
 Las palabras son máscaras que propagamos, sin descubrir el enigma.

    Apaga la luz. Quédate de pie detrás de una persona durante cuatro horas.
Tocar un cuerpo en la oscuridad y aferrarse a él con todo el amor del mundo.
Escucha girar la tierra.
Tal vez la patria no pase de ser una pata de palo con un ejército de termitas dentro.
Dibuja un plano para perderte.
No hay otra opción: la soledad o la vulgaridad.

    El espejo se transforma en cuchilla cuando se rompe. El palo se transforma en flauta cuando se le toma cariño.
Debemos hacer de las equivocaciones decálogos perfectos.

    Busca una mano en la nieve.
Las mamás valientes en invierno solo pasan frío en una mano.

    Enciende una cerilla y obsérvala hasta que se apague.
Un hombre fatuo es más tonto que dos idiotas.

    Envía los sonidos de la nieve a una persona querida. Cuenta todos los días las estrellas.
Las estrellas son como los ojos enormes de aquellos a quienes amamos.

    Haz música solo con armónicos.
A la lluvia le gustan las matemáticas, no así a la mayoría de los niños.

    Envía el sonido de cien soles saliendo al mismo tiempo.
Pasan de mil los aplausos que caben en un pañuelo.

    Grita. 1. Contra el viento. 2. Contra la pared. 3. Contra el cielo.
Las flores enfermas no quieren ir al colegio, porque ahora los judíos son los palestinos.

    * Foto Erika Barahona Ede   © FMGB Guggenheim Bilbao, 2014

José Luis Merino

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