¿Adiós a Facebook? Miren este gráfico demoledor

Como la semana va de encuestas, me van a permitir que les acerque una que el banco de inversión Pipper Jaffray ha realizado entre 7.200 adolescentes estadounidenses, a los que ha preguntado por gastos, marcas preferidas, dispositivos utilizados, webs favoritas o redes sociales, entre otras categorías (el acceso al conjunto del informe está restringido a sus clientes). Se trata de un sondeo recurrente, de carácter semestral, que busca no tanto aportar datos cuanto identificar tendencias. Su sesgo es clase media alta, por ser la más susceptible de monetización.

Pues bien, lo más interesante del documento, al que llego de la mano de esta información del Washington Post, es el gráfico que les adjunto a continuación.

En él se observa un desplome en seis meses en la penetración de Facebook entre este espectro de edad del 72% del total al 46%, una tercera parte. Se trata de una caída sin precedentes y, aun siendo verdad que ejercicios demoscópicos similares sobre el mismo grupo de interés han ofrecido resultados contradictorios, no es menos cierto que, de confirmarse el deterioro, el modelo de crecimiento inorgánico de la firma fundada por Mark Zuckenberg cobraría más sentido que nunca.

¿A qué me estoy refiriendo?

A su compra multimillonaria de WhatsApp, casi 3.000 millones de dólares más de lo previsto inicialmente por el impacto en la ecuación de canje de la subida de la cotización de FB.

Y es que la gran pregunta que falta en la información del Wapo es: ¿a dónde han ido esos usuarios? Del propio cuadro se desprende que el uso de las otras herramientas de interrelación a su alcance no se han visto beneficiadas, probablemente porque eran utilizadas de forma simultánea y porque no satisfacen la necesidad que los encuestados cubrían con la ‘damnificada’ red social. Sin embargo, si de algo podemos estar seguros, es de que no han renunciado a comunicarse, intercambiarse fotos o compartir propuestas.

Pues bien, no hace falta ser muy listo, basta de hecho con echar un vistazo a lo que ya están haciendo nuestros hijos, para concluir que buena parte de ese tráfico ha ido a la aplicación de mensajería instantánea que otorga a sus usuarios beneficios diferenciales tales como la privacidad, la confianza y la interacción casi inmediata, y comprobable, entre emisor y receptor. Ahí es donde los chic@s quedan, desquedan, se pasan deberes, se preguntan, cotillean, utilizando Instagram –perteneciente también a FB tras haber pagado por ella 1.000 millones de dólares en 2012– como necesario complemento multimedia para satisfacer su particular deseo de ver y ser vistos por extraños y conocidos.

La adquisición, por tanto, no tiene precio para Facebook. En la medida en que se convierte en una red social de padres, los hijos buscan nuevos canales. Ahora es este. Surgirán más en el futuro. Y seguirá comprándolos a precio de oro. Se trata de un ejercicio de supervivencia. No es de extrañar que la propia compañía afirme que no tiene prisa en monetizar este nuevo activo: sabe que ahuyentaría al target perseguido con la operación. Como ocurrió en su día con la propia red social de referencia, lo importante es fidelizar y escalar audiencia. Una vez que se ha conseguido, el dinero llama solo a la puerta.

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