El curioso origen de los vibradores

Vibradores. Placer femenino y últimamente también masculino. Habitan en las mesillas de noche, a veces escondidos bajo la ropa interior y muy, muy al fondo del cajón. Otras veces quedan a la vista con sus llamativos colores y espectaculares formas, utensilios con una finalidad práctica muy distinta a la que fueron concebidos en el pasado.

¿Quieres saber para qué les servían a nuestras queridas damas del siglo XIX?

Cuando los vibradores eran receta médica

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¿Cansancio? ¿Apatía? ¿Aburrimiento? ¿Dolor de cabeza? Si una acudía al médico en plena época victoriana con estos síntomas, corría el riesgo de que de inmediato, se le diagnosticara con esa común enfermedad femenina llamada “Histeria”.

Histeria proviene de la palabra griega “Hystera”, que significa útero, y era ahí donde quedaba etiquetada una supuesta dolencia que en su momento, ya fue descrita por Hipócrates o Platón. Eran muchos los síntomas que todo galeno de la época veía en la mujer para diagnosticar tal trastorno físico -y de espíritu-, un problema que tenía su raíz en cierta “sofocación de la matriz” provocado ni más ni menos que por la abstinencia sexual. Porque en efecto, era así como se solucionaba todo…

Si una estaba casada el marido debía cumplir más y mejor con el “matrominio”. Si la joven estaba aún soltera era ya el momento de ir al altar… y si no tenía esposo y la enfermedad requería urgencia, entonces debía concertar cita con la comadrona para que le realizara un “masaje especial” para aliviar la “Histeria”.

Ya en 1859 los médicos indicaban que una de cada cuatro mujeres estaban aquejadas de esta enfermedad. Y algo debía hacerse al respecto. Fue entonces cuando un médico aguzó su imaginación…

La vibración… es vida

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Vibrador diseñado por el doctor Mortimer

Fue un médico. Un inglés llamado Joseph Mortimer Granville quien creó el primer vibrador -conocido y comercializado- que disponía de baterías. Estábamos en 1880. Pero no nos equivoquemos, no era un utensilio de placer, sino una herramienta médica y por tanto, terapéutica para tratar la Histeria. La verdad es que parece que el doctor Granville estaba cansado de resolver “manualmente” el problema de sus pacientes, así que lo mejor sin duda era diseñar un auténtico vibrador electro-mecánico de forma fálica (y no era precisamente pequeño), que resultó ser un auténtico éxito.

Como ya hemos comentado, el principal origen de esta enfermedad era la represión sexual, un deseo reprimido que estos vibradores podían resolver con suma facilidad. Y para ello empezaron a ponerse de moda los balnearios que ofrecían dicho tratamiento, balnearios de lujo en EEUU al que se dirigían centenares de damas llenas de curiosidad por probar ese nuevo invento. Porque, ¿Cómo resistirse?

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Panfleto publicitario de la época

Los vibradores en la actualidad

Afortunadamente con el paso de los años, estos vibradores empezaron a salir de los círculos tan exclusivos y selectos para comercializarse a las grandes masas. Y fue precisamente la compañía estadounidense Hamilton Beach, quien en 1902 trajo su propio vibrador, también a batería. Como curiosidad te diremos que el éxito de estos aparatos hizo que algunos modelos, incluyeran además un recambio adaptable para convertir al vibrador en nada más y nada menos que ¡en una batidora!. Increíble ¿verdad? Y tal vez te sorprenda también, pero este aparato femenino llegó al mercado mucho antes que la plancha o la aspiradora. Cuestión de necesidades, sin duda.

vibrador supercurioso

Pero afortunadamente, llegados los años 50, la Asociación americana de Psiquiatría aclaro por fin que la llamada “histeria femenina” no era más que un mito y no una enfermedad, no una dolencia física o un trastorno mental que requiriese de tratamiento alguno. Ese, fue pues el momento en que los vibradores perdieron su connotación terapéutica para alzarse como lo que en verdad eran. Un juguete sexual.

Y fue precisamente el mundo del cine y las películas de linea pornográfica, quienes difundieron al máximo la utilidad de los vibradores. La puerta al juego y al deseo estaba pues abierta… y lo que vino después, es ya una historia conocida.

Imagen: Nik Morris (van Leiden)Ana ColutoLaura de Mingo

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