El engaño de la comida ecológica que venía de McDonald’s

Por: Mikel López Iturriaga

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McDonald’s vs. ecológico. / LIFEHUNTERS

 

¿Sabe mejor la comida ecológica? ¿Podría la que sirven en McDonald’s pasar por bío? ¿Son los expertos en gastronomía unos cantamañanas? Uno de los vídeos virales más divertidos de los últimos tiempos, publicado esta semana en YouTube por la productora holandesa LifeHunters, trata de responder a estas cuestiones con un sencillo experimento.

Dos reporteros montan un puesto en una feria alimentaria en Houten, a la que acuden muchos especialistas en gastronomía del país. Les dan a probar en forma de pinchitos una presunta alternativa ecológica a la comida rápida, y después recogen sus opiniones. Lo que han comido proviene en realidad de un McDonald’s cercano, pero como los expertos no lo saben -los platos han sido sacados de sus cajas y envases, troceados y pulcramente presentados en bandejas-, todas sus opiniones resultan de lo más elogiosas. “Tiene un sabor muy puro, se nota que es ecológico y eso lo hace muy sabroso”, dice uno. “Definitivamente es un producto fresco”, suelta otro.

 

 

El vídeo, que produce risa y deleite a partes iguales -pocas cosas dan más gustito que ver cómo hace el ridículo un entendido-, ha obtenido una notable difusión en la red, con casi cuatro millones de visionados en una semana. Desde Amsterdam, uno de los responsables de LifeHunters, Erik Hensel, explica cómo se creó: “Somos una empresa de vídeos virales y queríamos crear algo que diera que hablar. Nos preguntamos si puedes detectar con el paladar si la comida es ecológica, así que lo probamos con la comida menos ecológica y natural imaginable, la de McDonald’s. Los especialistas nos dijeron que era mucho mejor y que realmente podían degustar el elemento bío en ella”.

Hensel saca dos conclusiones de su vídeo: “Cuando las personas se llaman a sí mismos ‘expertos’, no siempre es verdad, y la gente se cree todo lo que le dices”. Asegura que todos los entrevistados estaban allí para participar en charlas, hablar sobre productos o comprarlos, y ninguno dio una opinión negativa “salvo uno que dijo que la comida sabía un poco seca”. “Algunos eran críticos gastronómicos, otros, dueños de restaurantes, y otros, productores de comida”, afirma, aunque algunas chicas que aparecen por el vídeo tienen toda la pinta de ser simples azafatas.

En cualquier caso, más allá de un valor periodístico cuando menos dudoso, ya que no sabemos en qué condiciones se produjo ni cómo fue manipulado en su montaje, lo mejor del reportaje es que plantea interesantes cuestiones sobre la credulidad, los prejuicios, la percepción de lo que comemos y la calidad real de la comida ecológica o de la rápida.

¿Es fácil engañarnos con la comida?

El vídeo incide en una idea que ya ha sido apuntada en experimentos anteriores: lo que sabemos, creemos saber o desconocemos sobre un alimento influye cómo lo percibimos. Si nos cuentan que un vino es extraordinario, ha ganado premios o ha costado un pastón, es probable que tendamos a juzgarlo con mayor aprecio, lo mismo que si ignoramos que sale de un tetrabrik de Hacendado. Un reciente estudio de la Universidad de Cornell(EEUU) demostró que la gente que había pagado más dinero por una comida la valoraba mejor, mientras que los que habían pagado menos por exactamente el mismo plato lo puntuaban con mayor dureza.  

“Cuando existían los ultramarinos”, recuerda J.M. Mulet, biólogo y autor del libro Comer sin miedo, “a partir de la misma saca de garbanzos hacían dos bolsas. En una ponía garbanzos, y en la otra, garbanzos calidad extra, que eran más caros. Se solía agotar antes la de los más caros… siendo los mismos. Lo mismo ha pasado cuando se han hecho experimentos con catadores de vino. Un vino de 100 euros no tiene por qué estar mejor que uno de 10, pero si lo dices antes siempre van a encontrar mejor el de 100, y si no dices cuál es cuál, puede ser que ni los distingan. De hecho hasta se han hecho experimentos tiñendo vino blanco y han dado la cata como si fuera tinto”.

La presión del entorno también logra efectos curiosos en la percepción de la comida. ¿Quién no se ha visto empujado a disfrutar más de algo si el resto de tus acompañantes lo está haciendo? En el vídeo quizá se produzca también el efecto “traje nuevo del emperador”. “Aunque no lo encuentres bueno, te da miedo que el de al lado sí, y tu quedes como que no lo sabes apreciar”, explica Mulet. “Luego está la sugestión del que te lo da, que ya te ha dicho que es muy bueno. Si tu compras unas manzanas ecológicas por un valor que triplica al de las convencionales, ya tratarás de asegurarte que están mejores como forma de autojustificarte”.

¿Los expertos en gastronomía no tienen ni idea?

El reportaje invita a pensar que periodistas, críticos y otros personajes del mundillo gastronómico viven básicamente del postureo, porque son incapaces de distinguir una comida de McDonald’s de una comida rápida ecológica. Reconociendo que yo también podría haber alabado la Mccomida (aunque nunca habría dicho que se notaba que era ecológica, ya que carezco del superpoder de diferenciar lo bío de lo no-bío), creo que la conclusión es un tanto injusta con los de mi gremio. Primero porque no sabemos si los expertos que salen son expertos de verdad, y segundo, porque puedes saber mucho de algo y caer en engaños similares en una situación determinada.

“Para mí el vídeo no invalida la opinión de los expertos”, afirma Jordi Luque, cronista de restaurantes del suplemento Que Fem de La Vanguardia. “Presenta un engaño muy burdo: en un entorno de absoluta credibilidad, yo te digo que tal cosa que vas a comerte es de origen orgánico y no lo es. Lo que demuestra es que es fácil mentir sobre el origen de un alimento (o cualquier otro producto). Si te dicen que el entrecot que van a servirte proviene de una vaca que ha pastado en campos ecológicos y que ha sido muy bien tratada durante toda su vida, pero en realidad le han dado pienso y ha sido sacrificada a lo Toro de la Vega, ¿cómo vas a saberlo?”.

En lo que el vídeo sí acierta de pleno es exponer cierta tontería bastante habitual en los ámbitos gastronómicos. “Muestra lo pedantes que somos algunos (me incluyo) cuando intentamos describir lo que comemos”, reconoce Luque. “El señor viejete que dice que la comida es agradable en boca y que sólo falta el vino, en realidad lo que quiere es empinar el codo, se ve a la legua”.

¿Sabe mejor la comida ecológica?

Yo no sería capaz de distinguirla. Desde mi experiencia, creo que el sabor no lo marca elecologismo del alimento, sino otros factores como las variedades o el método de producción. JM Mulet asegura que “todas las pruebas de cata que han hecho comparando alimentos ecológicos con convencionales dan resultados similares: no se ha podido demostrar que estén mejor”. Sin embargo, desde Obbio, una de las tiendas de productos bío más grandes de Barcelona, defienden la diferencia. “Cuando se trata de un producto cocinado es más dificil saber si su cultivo y elaboración es ecológico. Al aplicar calor, añadir salsas, o especias, modificamos el sabor del ingrediente original”, asegura Irina Costafreda, una de las fundadoras. “Por el contrario, en los alimentos crudos; fruta, verdura, hortalizas resulta más evidente la diferencia, que se nota porque son más sabrosos”.

“No obstante”, añade Costafreda, “los consumidores de productos ecológicos, aparte del buen sabor, buscan alimentarse y que dichos alimentos les aporten los nutrientes que su cuerpo requiere para estar bien”. Nutrientes, lo que se dice nutrientes, también los aportan los productos no ecológicos… pero entiendo que lo que quiere decir Costafreda es que el comprador de alimentos bío se mueve también por motivos de salud y de sostenibilidad.

¿La comida de McDonald’s está más rica de lo que queremos reconocer?

Afirmar que la comida de McDonald’s está buena podría acabar con la reputación de cualquier especialista en gastronomía. Como yo no tengo de eso, no me cuesta reconocer que algunas de sus hamburguesas mandan intensas sensaciones de gustarraco al cerebro, lo que explicaría su éxito entre los presuntos sabios holandeses de Houten. Otro asunto es que sea la comida más sana: todo ese placer está muy relacionado con la generosa cantidad de grasa, sal y azúcar presente en sus platos.

“Los productos de McDonalds no buscan alimentar, sino gustar para que la gente coma frecuentemente sus productos y de forma abundante”, afirma Irina Costafreda. “Lo de menos es si se está nutriendo con dicha comida”. “Demasiada sal y grasas saturadas”, añade JM Mulet. “No soy partidario de demonizarla, pero no es la mejor elección”. “No estoy en contra de la comida rápida, que cumple la función de saciar de forma fácil y barata el hambre”, concluye Jordi Luque. “De lo que sí estoy en contra es de alimentarse exclusiva o mayoritariamente de ella. Estoy seguro de que la comida de McDonald’s sabe bien, pero también de que la heroína produce sensaciones la mar de agradables”.

Documentación: Mònica Escudero.

http://blogs.elpais.com/el-comidista

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