EL ÚNICO PODER

El único poder

¿Ya la vio? ¿La va a ver? Sí, me refiero a la película más reciente del director Luis Estrada, el mismo de “La ley de Herodes” y “El Infierno”.

Sabe a cual me refiero, los medios han hablado de ella de forma soterrada porque la televisión “la ha acallado”. Se rumora que los actores que participan en ella han recibido la orden del Carnal de las Estrellas de no hablar de su actuación en el filme. Si les preguntan, casi deben decir que no son ellos, sino una ilusión holográfica, dicen.

Se llama  “la Dictadura Perfecta”. Abrió la semana pasada como una de las más taquilleras.
La premisa es conocida: la televisión encumbra y encubre, prepara y señala, monta y falsea, gobierna al país.

La historia donde los políticos deben su futuro al vidrio se repite y se arrastra desde que Kennedy le ganó el debate a Nixon gracias a su gallardía y carisma, por encima de un republicano sucio y desaliñado.

Berlusconi tiene sus canales, Collor de Mello también. Murdoch movió a la Fox para que elaffaire Florida marcará la elección del 2000.

Y, en México, la relación de la televisión con el poder tiene todo tipo de rumores, medias verdades o mentiras.

Así, hasta la fecha se dice que Jacobo Zabludovsky salió en el noticiero nocturno del canal dos la noche del 2 de octubre a decir que era un día soleado cuando él no era el conductor. Se habla de la complicidad de Televisa con el gobierno de De la Madrid cuando éste desterró a Azcárraga Milmo por los silbidos no maquillados en la inauguración del mundial.

La televisión es poderosa, arma de gobiernos que desean controlar o influir en la opinión pública. Barry Levinson hizo su crítica en aquella perfecta Wag the Dog, pero valen los matices.

Los políticos presionan, señalan y persiguen a los medios que no dan su versión. Federico Arreola platica sobre aquella lista de periodistas buenos y malos al ojo del equipo del mesías tropical. Aun a la fecha. Hay periodismo  “bueno” y  “vendido” o “militante” y  “comprometido” según el cristal con que se mira.

Hacer una entrevista que no tenga la pregunta esperada por el adversario político del entrevistado se convierte en linchamiento en redes sociales. Signo de que los partidos no les molesta la parcialidad, siempre y cuando sea a su favor.

La Dictadura de Estrada es un gran ejercicio de farsa que nos debe de hacer recordar lo fundamental: los medios no son culpables de los errores y limitaciones de los políticos, aunque ellos deseen imputarles la responsabilidad de su mediocridad.

GONZALO OLIVEROS

http://fernanda-familiar.com/

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