Exilio español en México

El 75 aniversario del exilio español en México, que celebramos estos días, nos ha puesto a hablar de nuevo del apoyo que dio el general Lázaro Cárdenas a la República Española. Al estallar la Guerra Civil en España, las democracias en Europa optaron por la no intervención, que como es sabido fue una política que significó en los hechos dar la espalda a la República, pues estuvo viciada de origen por el apoyo que daban los países del Eje a la rebelión de Franco. La URSS ayudó a los republicanos, cierto, pero a cambio de su oro (al tipo de cambio fijado por Moscú) y del fortalecimiento del Partido Comunista en España. La solidaridad de México con la República, en cambio, era en esencia desinteresada (aunque no del todo). Es el tema del libro notablemente bien documentado del historiador Mario Ojeda Revah, México y la Guerra Civil Española, publicado hace diez años por la editorial Turner en su colección Armas y Letras. No existía hasta ese momento —por extraño que parezca— un libro que relatara en toda su complejidad la relación excepcional que mantuvo México con la República Española.

El 15 de septiembre de 1936 Cárdenas, al dar el Grito en el Zócalo, agregó: “¡Viva la República Española!”. Pocos meses antes, al estallar la rebelión de Franco, el general había ordenado a su ministro de Guerra enviar a España un cargamento con 20 mil fusiles Mauser y 20 millones de balas en el buque Magallanes. Esas balas serían luego elogiadas por George Orwell, quien combatía como voluntario en el frente de Aragón con las milicias del POUM. Muchos otros envíos fueron hechos, incluso combinados con la mediación del país para la compra de material bélico en terceros países, mismos que los milicianos quisieron agradecer nombrando a un batallón del ejército en honor a Cárdenas. Pero la solidaridad de México con la República Española tuvo muchas otras facetas, como la de asumir su defensa ante la Sociedad de Naciones contra el Pacto de No Intervención impuesto por Francia y Gran Bretaña, o la de recibir más tarde en su territorio, al caer la República, a tantos exiliados como le fuera posible (llegaron a ser cerca de 30 mil hasta principios de la década de 1940). El diplomático mexicano Gilberto Bosques, amigo del presidente Cárdenas, abrió las puertas de su país a los republicanos españoles, entre los cuales estaban María Zambrano, Max Aub y Manuel Altolaguirre.

El exilio español habría de enriquecer notablemente la vida intelectual en México. En 1938 fue creada aquí la Casa de España, con el objeto de agrupar a los intelectuales, artistas y científicos españoles exiliados al caer la República. Su primer director fue don Alfonso Reyes, embajador en Argentina durante la Guerra Civil Española, lo que no le impidió violentar el protocolo para asistir a mitines en favor de la República. Lo sucedió Daniel Cosío Villegas, encargado de negocios en la embajada de México en Lisboa —la prensa local lo llamaba o ministro vermelho (el embajador rojo)— durante la Guerra Civil Española. Fue Cosío Villegas, de hecho, quien había hecho a Cárdenas la propuesta de abrir las puertas del país a la élite intelectual, artística y científica de España para que pudiera seguir su labor lejos de los horrores de la guerra en Europa. En octubre de 1940, la Casa de España se convertiría en El Colegio de México.

Los detractores del general Cárdenas impugnaron su política hacia España —con razón en este rubro, por cierto— como una infracción a la Doctrina Estrada (algo similar sucedió cuando México rompió relaciones con el Chile de Pinochet y la Nicaragua de Somoza). El apoyo a la República, de hecho, contaba nada más con el sostén de la burocracia, los sindicatos y el PCM. “Las clases media y alta eran mayoritariamente adictas a Franco”, documenta Ojeda Revah. La mayoría de los países en América y Europa, por lo demás, criticó la intervención de México en España. ¿Por qué entonces insistió el general? “La hipótesis central de este libro”, escribe su autor, “es que Cárdenas apoyó a la República Española con el fin de conjurar cualquier posibilidad de que la derecha mexicana intentara un levantamiento semejante al de España. Es así como debe leerse la frase recurrente de Cárdenas: al defender a España, defendemos a México”.

La política de Cárdenas hacia España fue, extrañamente, uno de sus legados más perdurables en México. Durante casi un cuarto de siglo, México sostuvo la ficción de un reconocimiento diplomático de la República Española (“que era poco menos que una entelequia”). Echeverría pidió incluso la expulsión de España de la ONU. Siete gobiernos en total mantuvieron intacta, así, la política del general Cárdenas hacia España. “Hasta que Franco falleció y Adolfo Suárez ocupó la presidencia del Estado español”, señala Ojeda Revah, “el gobierno de José López Portillo no dio los pasos tendientes al restablecimiento de los lazos diplomáticos”. Sucedió en marzo de 1977, cuando México resolvió cancelar sus relaciones con la República Española para poder establecerlas con el reino de España.

CARLOS TELLO DÍAZ

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