Yo no le perdono

España, esperemos que provisionalmente, ha dejado de ser una democracia. No nos dejemos seducir porque votemos cada cuatro años. Nuestro país ha caído en una oscura y profunda sima que la priva de tal condición. Dos de los avances éticos más importantes de la Humanidad, la presunción de inocencia y que no se pueda condenar a nadie sin pruebas, se han destruido en la sociedad española, merced al abuso que el Gobierno del Partido Popular ha hecho de su mayoría absoluta. Resulta evidente que la casi totalidad de los españoles, anegada por los miles de casos de corrupción, han dejado de creer en la presunción de inocencia y estiman, en mi parecer, que todos los cargos públicos del país, en cualquiera de sus escalones, son corruptos o potencialmente corruptos. Y, radicalizando criterios, esa misma inmensa mayoría no necesita pruebas para condenar. A los miles de imputados actuales los condenarían severamente y sin más espera ni juicio. Cuando una sociedad adopta estas dos realidades, deja de ser democrática y se convierte en totalitaria, pasando a ser una democracia puramente formal y sin respaldo político. Si a ello añadimos la enorme exclusión social y económica, rayana en la pobreza, de una buena parte de sus ciudadanos, el drama del descrédito democrático se hace patente.

La zorra no puede cuidar el gallinero ni hacer reformas en él. No puede prometer que va a ser buena. El señor Rajoy ha pedido perdón a los españoles por la corrupción aparecida en su partido, promete limpieza y pide confianza porque la justicia y las instituciones funcionan. ¿Por qué creerle, cuando hasta ahora lo ha negado todo? Pretende alargar su mandato, amparándose en la lentitud de la justicia con procesos interminables, cierto que por su complejidad. Pero los españoles también son reacios a esta lentitud. Quieren justicia ya. Aun con las benévolas leyes que deben aplicar los jueces. Y mientras tanto España seguirá en la sima de la desconfianza. Un moderno esperpento de país, un país descabalado, un país de rencores y resignaciones, en el que, por fortuna, de momento no se prevén revueltas violentas a causa de la indignación y el descontento social. Pedir perdón y quedarse de zorra no es el remedio. Porque muchas gallinas no le perdonamos. Bueno, sí. Yo le perdonaría si se fuera. De verdad, sin resentimientos, sin guardarle enconos por la herencia que recibiríamos. Ha felicitado a todos los corruptos. Se ha convertido en una persona dañina para España, ha quebrado usted la democracia.

http://blogs.publico.es/arturo-gonzalez

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