La sagrada violación de un niño

La sagrada violación de un niño

De todos es sabido que el pirata Diomedes robó todo lo que pudo, por los mares, a bordo de su galera. Atacaba y saqueaba a todos los barcos que se le ponían al alcance. Hoy se le hubiera considerado un terrorista, como a tanta gente que pelea por la paz. Y Diomedes lo explicó muy bien cuando Alejandro Magno lo apresó y lo mandó pasar por la quilla en no sé qué mar u océano, pues los mares y las tierras son tan vastos e inexplicables que no tengo suficiente talento como para entender sus fronteras y sus extraños nombres.

–Diomedes, pedazo de cabrón –le dijo Alejandro Magno (más o menos)–. Te condeno a muerte por todos los robos y asesinatos que has cometido en el curso de tus viajes.

–Alejandro, pedazo de cabrón –le contestó Diomedes (más o menos)–. La única diferencia entre tú y yo es que tú tienes más barcos. Por eso a ti te llaman conquistador y a mí pirata.

Yo siempre he preferido al pirata que al conquistador. Los dos cometen el mismo tipo de delitos, pero el pirata mata menos y no compra a un legislador que convierta en ley sus atrocidades. No hablo de oníricos efluvios. España apoyó la invasión de Bush a Irak sin el preceptivo mandato de la ONU. Nadie hizo nada, y el conquistador se pasó por el forro de los cojones la legalidad internacional. Sadam Husein fue ejecutado, y nos hemos quedado todos tan contentos.

Esto de los piratas y los conquistadores viene a colación por las violaciones de curas a niños que acaban de descubrir en Granada. Cuando un pederasta de la calle es investigado y detenido, vemos un gran despliegue de medios policiales y periodísticos atendiendo a la escena, contando detalles, hablando con compañeros, vecinos y amigos, poniéndole cara y voz irrevocable al energúmeno. Cuando se trata de un cura, la cosa se queda como en el limbo. Son conquistadores, no piratas.

El joven de 24 años que denunció haber sido consuetudinariamente violado desde sus 12 años hasta la mayoría de edad, escribió al papa este que tenemos ahora y le contó cómo lo habían violado. Y el papa le contestó. Y arrancó una investigación. Y una gran fuerza mediática se está encargando de engrandecer a este papa por sus superpoderes y por haber instigado la investigación policial.

Pero da la casualidad de que este chaval había denunciado estos abusos, antes que ante el papa, a altas jerarquías eclesiásticas españolas. Y las altas jerarquías eclesiásticas españolas no hicieron nada. Supongo que la Justicia investigará y condenará por omisión a todos estos obispos y arzobispos que supieron de los abusos y los callaron. O no. Porque son conquistadores, y no piratas.

Es muy difícil encontrar datos, en cualquier país de nuestro entorno y hasta Marte, sobre el número de abusos sexuales denunciados contra sacerdotes. Y en España no he visto casi nunca, o nunca, la imagen de un cura esposado entrando en la cárcel por haber abusado de menores. Alguno habrá en las cárceles, quizá dos o tres, pero no nos dan mucha información sobre el problema.

El asunto no es baladí, dado que la Iglesia Católica es en España una especie de empresa semipública que está subvencionada y pagada por todos los españoles. No solo por los que ponen la equis en la casilla de la declaración de la renta. Solo en exenciones tributarias se ahorran al año los curas unos 2.500 millones de euros. Y luego pueden comprar cositas a coste mínimo: la mezquita de Córdoba le costó a la Iglesia Católica 30 euros (30 monedas). Cuando solo visitarla cuesta ocho.

Para los que creáis en Dios, y para los que creáis que estoy metiendo alguna errata con los 30 euros, os remito a un viejo artículo irrefutable de Daniel Ayllón en este mismo periódico: “La Iglesia católica ha registrado más de mil propiedades en los últimos 12 años gracias a una norma franquista (la Ley Hipotecaria, de 1946) que el Gobierno de José María Aznar amplió en 1998. Inicialmente, su artículo 206 permitió a la Iglesia la inmatriculación (registro) de algunos bienes que carecían de propietario, a excepción de los templos destinados al culto católico. En su primera legislatura, el PP retiró la excepción con el Real Decreto 1.867, sin llevarlo a debate en el Congreso de los Diputados. Gracias a esta ley, la Iglesia ha llegado a registrar catedrales por menos de 30 euros”. La mezquita de Córdoba les costó eso. Y su mantenimiento lo pagamos todos los pringaos. Perdón: los españoles.

¿Qué tiene que ver esto con los niños violados? Piratas y conquistadores. Nos violan y nos roban bajo el credo de que el nombre de dios no es vano. Y una mierda. Parafraseo a un humorista inglés: “El ser humano es ese extraño ente al que, si le dices que acabas de pintar una pared, pone el dedo para ver si dices la verdad y la pintura está fresca. Sin embargo, si le cuentas que hay un hombre superior y con barbas, con el dominio del bien y del mal, que crea a una mujer de una costilla, y que tiene hijos engendrados de un palomo, el ser humano no necesita comprobarlo. Cree”.

Pues eso.

Pero yo no creo. Yo pongo el dedo en la pintura de la pared: quiero saber el nombre y los apellidos de los curas, obispos y arzobispos españoles que recibieron la carta de denuncia de este chaval antes que el papa, y encausarlos por encubrimiento.

Es una cuestión de fe. Entre la piratería.

Aníbal Malvar

http://blogs.publico.es/rosa-espinas

Deja un comentario