Ojalà

Ojalà

Me pregunto cuál es el instante en que da comienzo una catástrofe; en qué preciso minuto y con qué hecho, con qué decisión errónea empieza la perdición de una persona o de un país, esa bola de nieve que poco a poco te lleva hasta el infierno. “¿En qué momento se había jodido el Perú?”, se pregunta el protagonista de Conversación en La Catedral en el primer párrafo de la gran novela de Vargas Llosa. Pues eso: ¿en qué insidioso, imperceptible momento se origina el derrumbe venidero? Digo esto estremecida con las noticias de México. Poderoso, vital, hermoso México. Pero también corrupto y empapado de sangre. ¿Cómo ha podido suceder lo de los 43 estudiantes de Magisterio? Y no en una zona remota, sino en Iguala, apenas a dos horas en coche del DF. El alcalde y su mujer en connivencia con los narcos, la policía entregando los chavales al cartel, los sicarios asesinándolos con esa banal facilidad, como quien esquila un rebaño de ovejas (a uno le sacaron los ojos y lo despellejaron). Y este horror tiene una parte aún más horrible, y es su cotidianidad. Al buscar a los estudiantes descubrieron una fosa con 28 cadáveres; luego comunicaron que no eran los chicos y ya no se volvió a hablar más de esos pobres muertos anónimos, como si fuera tan normal cavar en la dolorida tierra mexicana y sacar por doquier pedazos de cuerpos masacrados. Desde el 1 de diciembre de 2012, fecha en que Peña Nieto llegó al poder, han desaparecido 9.833 personas. Sí, ¿en qué momento la complicidad entre el poder político y las mafias se hizo general, en qué momento la corrupción se convirtió en la ley? Cuando pienso en las 1.700 causas que hay abiertas por corrupción en España, me digo: ojalá no hayamos traspasado ya ese instante.

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