Crecer sobre trampas

Crecer sobre trampas

El mal gobierno, ya irremediable, de que nos cubren los políticos, me está amargando la poquísima vida que me queda. El consuelo de dejar de sufrirlos me hace dulce la muerte. Reflexiono y me digo que los españoles -que eligieron gobernantes tramposos- no tienen ni la menor idea de cómo desean ser regidos, o pecan de una heredada enfermedad de abstenciones, o de creerse históricamente destinados al desprecio político. Es imposible que no perciban las circunstancias de atmósfera trincona que respiran. Su resistente tolerancia me admira y no me enorgullece. Si yo tuviera sólo la mitad de mis años, saldría por las calles -no en los periódicos- pidiendo la venganza contra quienes, políticos o no, han construido su lujo con las fatigas de los desprovistos. No me deja dormir el descaro de los ladrones -en lengua castellana- y el silencio de los indiferentes. ¿Es que los españoles merecemos ser gobernados por quienes nos gobiernan? ¿Quién los designó, si hasta entre ellos se detestan, y permanecen juntos para defenderse, dándose unos a otros las espaldas? Ya no es cosa de faltarles al respeto riéndose de ellos: eso es muy nuestro y no sirve de nada. Me temo que yo desaparezca en una España tan plana y tan abajo que prefiera acaso no reconocerla. Y atribuir lo que veo y lo que siento a la agonía que me aisla.

Antonio Gala

http://www.elmundo.es/opinion

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