El nuevo marxista

El nuevo marxista
A Karl Marx le tomó más de cincuenta años para que su obra cumbre, El capital (1867), tuviera sus primeras repercusiones reales dentro la política económica, con la Revolución Rusa de 1917. Casi un siglo después, a un académico francés especialista en desigualdad económica y distribución de la riqueza, Thomas Piketty, le tomó menos de un año colocarse en el centro del debate con su libro El capital en el siglo XXI. Este académico de cubículo, de la École d’Économie de Paris, bien podría dejar un legado centenario, apuntan los especialistas. Los paralelismos entre Marx y Piketty no son fortuitos. Ambos comparten en sus tesis la misma urgencia de un cambio en la forma en que se conduce el sistema capitalista y las repercusiones que éste tiene en la clase trabajadora. Por eso no es raro que a Piketty le llamen “el marxista moderno”, aunque a muchos colegas tal comparación les resulta exagerada y prematura y prefieren tildarlo de rockstar. La revista Business Week llamó “pikettymanía” al furor que, a poco más de un año de haber publicado el original en francés —septiembre de 2013—, ha causado el título. No hay publicación de Economía en el mundo, ni especialistas en el tema, que no hablen de él. Incluso en México, el senador Zoé Robledo lo cita en varios discursos. “¿Cuándo fue la última vez que escuchamos a un economista invocar a Jane Austen y a Balzac con laborioso análisis de datos?”, escribió Paul Krugman en un artículo en The New York Review of Books. Pero más allá del glamour y el escándalo que rodean a este personaje, la importancia de su libro radica en que vuelve a poner sobre la mesa una discusión olvidada: la repartición de la riqueza como origen de la desigualdad.

Ahora publicado en español por el FCE (Fondo de Cultura Económica), El capital en el siglo XXI contiene un detallado análisis de la distribución del ingreso y la riqueza en el mundo. Piketty hace un minucioso recorrido histórico para identificar patrones en el proceso de acumulación del patrimonio. Su argumento es que el rendimiento de la acumulación de la riqueza es siempre mayor al rendimiento producto del trabajo, lo que genera desigualdades insostenibles. Es decir que una persona que tiene bienes acumulados —una herencia, por ejemplo—, verá crecer más el valor de sus propiedades con el paso del tiempo —por hacer rendir sus inversiones—, que una persona que trabaje.

Luis de la Calle, economista y exfuncionario del Banco Mundial, encuentra varias lecciones aplicables al sistema mexicano. Cree que el valor de esta obra está en haber devuelto al tema de la desigualdad su debida importancia. “No sólo es importante entender cuál es el funcionamiento de esta distribución, sino el impacto que tiene en el crecimiento de la economía”, dice. El éxito del libro no podría explicarse sin el contexto económico que dejó la crisis financiera de 2008. De la Calle cree que las sociedades que vivían bajo la certeza de la abundancia, hoy ya no tienen la misma percepción de crecimiento. Y es entonces cuando las preocupaciones de Piketty cobran sentido.

POR ALEJANDRO MACIEL

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