Felices pascuas

Felices pascuas

Me encuentro en el deber conciudadano de felicitar estas fiestas a todo el que, me lea o no, esté a mi alrededor (en realidad, cerca tengo a muy pocos). Así lo hago, a pesar de la certeza de que mi voluntad no es, en ningún caso, omnipotente. Estos días son, o deben ser, oficialmente felices. Para eso, todos deberíamos tener, de dentro a fuera y con el corazón, la mejor de las buenas disposiciones. Creo que servirá para bastante poco, sobre todo procediendo de alguien con la salud quebrada y en el campo. Aún así, entiendo que la buena disposición conciudadana es capaz, esforzándose, de mejorar el ambiente por unos cuantos días. La solidaridad, en la buena y en la mala suerte, hace milagros: no hay que desanimarse. Es cierto que la nacionalidad común es, en cierta forma, demasiado profunda pero alentadora, una especie de familia: ideales paralelos, fines semejantes, costumbres compartidas… Cierto que no a todos puede tocarles la lotería: dejaría de serlo; pero todos pudimos y podemos jugar a ella. Que yo no lo haga es culpa mía o una autodefensa frente a la desilusión, ¿qué le vamos a hacer? De lo que no soy capaz es de prescindir de desear a mis lectores habituales exactamente lo que ellos se deseen a sí mismos. Y a mí, espero. Que así sea: ojalá.

ANTONIO GALA

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