Inocentadas

Inocentadas

Lo único que sacaron en limpio los pobrecillos Santos Inocentes -cientos de niños asesinados por representación, cuya muerte no evitó nada de lo que con ella se pretendía- fue que un día al año, al final, cuando está a punto de acabarse, todos los hombres fuesen inocentes. No en el sentido de libres de culpa -eso habría sido mucho pedir-, pero sí en el sentido de cándidos y fáciles de engañar. Es magnífico que los seres humanos, a conciencia, en pequeñas dosis, aunque sea por unas pocas horas, se dejen dar gato por liebre; arrojen las armas y las pinchosas precauciones, adormezcan sus desconfianzas, se falten al severo respeto que a sí mismos se tienen, y piquen fácilmente en el anzuelo de quien se lo proponga -sus mujeres, maridos, amigos, un niño-, y se rían un poco todos juntos diciéndose que lo más importante no es ser serio, ni ser tomado en serio, ni gobernar con rigidez nuestra casa, ni obedecer a ciegas a nuestros superiores; lo más importante es comprobar que los demás todavía nos quieren lo suficiente como para gastarnos una broma, o como para permitir -sin que llegue la sangre al río- que les gastemos una broma a ellos; comprobar que lo divertido no es lo contrario de lo serio, sino de lo aburrido. Pero lo de la matanza colectiva es lo que sí me parece a mí una broma demasiado pesada, por muy dios que fuese quien se la gastó.

ANTONIO GALA

http://www.elmundo.es/opinion

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