La traición del cava

La traición del cava

Cuenta Serafín Quero que Stravinski ofreció a Picasso una copa de champán y éste exclamó: «Esto es como tener a Tintoretto en el estómago». Dalí me recibió un par de veces -una en París, otra en Cataluña- y me invitó a una copa de champán rosado. Pensaba que el cava no tiene la leyenda del Folies Bergère o la de la Oda a la alegría, aunque también «infunde júbilo», «es sincero», «ahoga la melancolía» y despierta el amor.

El cava lo introdujo en Cataluña Manuel Raventós, que había trabajado como aprendiz en la casa de champán Mercier. Como sabe muy bien Pepe Carvalho, cliente de Boadas, el perlaje, la corona y la espuma son los signos de la calidad del cava, que debe beberse en copa alta -llamada de flauta- y es mejor tomarlo a partir del degüelle. No sé si degüelle empieza a ser una palabra políticamente incorrecta en Cataluña. Me temo que se va a avinagrar el cava y la sangre de los habitantes de esa comunidad, sobre todo si a los políticos se les sube a la cabeza la espuma de la independencia, como le ha ocurrido a Elena Ribera, diputada en el Parlament. Esta dirigente de CiU afirmó que Freixenet podría perder dos millones de consumidores por un anuncio donde aparecen David Bisbal y María Valverde, en el que se dice: «Brindemos por 100 años juntos». La diputada proponía el boicot al cava catalán por la posición antisoberanista de José Luis Bonet, presidente de la compañía. En la otra barricada de la pasión, Codorníu también va a tener problemas fuera de Cataluña, porque se relaciona a Raventós con la empresa que difundió las papeletas del 9-N.

La diputada no ha hecho nada digno de ser contado nunca, pero armó el jaleo porque no utilizó el cava para hablar del amor o para acercar los extremos y los enemigos, sino para señalar la traición a Cataluña de un empresario. Horas después, jóvenes encapuchados asaltaron las bodegas en una amenazante hazaña al estilo de los Cristales rotos, lo cual angustia a Antonio Robles, que se pregunta: si boicotean el cava catalán, ¿qué harán con los ciudadanos indefensos no catalanes? La historia es muchas veces la maestra del sectarismo. Eso es lo que pensó y escribió George Santayana, que la definió como una serie de mentiras sobre sucesos que nunca sucedieron, escritos por personas que no estuvieron allí. Carmen Sanz Ayán, en Los banqueros y la crisis de la monarquía hispánica de 1640, relata la primera tormenta perfecta con suspensión de pagos y la independencia de Portugal, que ha sido contada tan mal por las dos fracciones y ha creado personajes tan estúpidamente sectarios como la diputada de Convergència. Los historiadores serios se preguntan por qué los relatos distorsionados -como el de los independentistas- tienen éxito y los más apoyados en la investigación, no lo tienen.

Si, como escribía Pla, la cocina es el paisaje puesto en la cazuela, el cava es el alma de la tierra, burbujeante y alegre, que hizo exclamar al monje benedictino Dom Pérignon, cuando bebió el vino después de que estallara la botella por causa de la fermentación: «Estoy bebiendo estrellas».

RAÚL DEL POZO

http://www.elmundo.es/opinion

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