Reivindicación del porrón

Por: Mikel López Iturriaga

Porron wine fandango

Porrón con ‘vintonic’. / EL COMIDISTA

En mis años de adolescencia, un jesuita del colegio solía incluir este mensaje en las chapas con las que castigaba al alumnado: “Después del porro, viene el porrazo”. Nunca dijo nada del porrón, aunque bien podría haberlo añadido a su plomizo sermón. Beber en este recipiente es divertido, alegre y jacarandoso, invita a la relajación de costumbres y, si te dejas llevar, te puede empujar hacia la perdición. ¿Pero quién puede resistirse a tanto deleite? Yo, desde luego, no, por mucho que sepa que al final del camino del porrón pueda esperarme la factura en forma de porrazo.

Creo que ha llegado el momento de reivindicar el instrumento, por desgracia caído en desuso. Y tengo la sensación de que no soy el único. Su resurrección encaja ideológicamente con el movimiento neobodeguero / vermutero que tanto tirón tiene entre la muchachada. El hecho de que sea divertido beber en él -aunque te manches si no cuentas con cierta destreza-, a la par que comunitario -el porrón siempre se comparte-, juega a su favor. Y quizá funcione también como símbolo para los que pensamos que beber vino debería ser un acto placentero para todos los públicos, no una ceremonia de señores mayores muy entendidos.

Un porrón luce en el logo de Wine Fandango, un fantástico restaurante y bar de vinos -más de 100 referencias de España y de todo el mundo- inaugurado hace un mes en pleno centro de Logroño. Toda una provocación, si pensamos que el artefacto no ha estado precisamente asociado a los caldos de alta calidad, sino más bien a los de batalla que bebía el populacho. El guiño se entiende al saber que detrás del local está Vintae, una empresa vinatera que defiende una visión heterodoxa del negocio. Además de vinosserios, producen en sus bodegas otros más informales, como los Bienbebido o los Spanish White Guerrilla o con etiquetas rompedoras que buscan atraer a un público ajeno por completo a los retrogustos y las redondeces en boca.

“Durante las últimas décadas las bodegas hemos creado la imagen de que el vino es algo sofisticado y complejo hasta el punto de intimidar al consumidor inexperto, y hacer que sea una bebida minoritaria entre la gente joven”, explica su gerente, Ricardo Arambarri. “La gente ahora se va de cañas y no de vinos, en los bares de copas la gente toma gintonics ojaggers. En Vintae siempre hemos defendido que el vino puede ser también divertido, desenfadado, sabroso sin ser complicado. ¡El porrón es la herramienta perfecta! Un elemento entrañable, divertido y perfecto para compartir”.

Logo porron wine fandando

Porrón de neón: el logo de Wine Fandango. / EL COMIDISTA

 

En Wine Fandango se sirve en porrón cualquier vino que pida el cliente. “Pero como requiere cierta pericia saborearlo sin derramar alguna gota, y sería una pena ver un Contador 2009 o un Viña el Pisón regando suelos y camisas, lo hemos pensado especialmente para los cocteles de vino y el vino cosechero del mes”, asegura Arambarri. ¿Se podría sentir incómodo un bodeguero por ver uno suyo en este recipiente? “No debería. La mayoría de los aficionados actuales empezaron un día con un tinto de verano o un calimocho. Seguro que muchos de ellos lo bebieron a porrón, en bota, en vaso de plástico… Deberíamos estar encantados de que la gente dé sus primeros pasos en el mundo del vino de la forma que sea”.

Los orígenes del porrón son difusos. El más antiguo data del siglo XIV o XV, y se encontró el un depósito de agua del Monasterio de Poblet (Tarragona). Según Carmen Alcaraz, directora del programa Al Caliu en RNE-Ràdio4 y columnista gastronómica de El País Semanal, se cree que entonces ya se usaba para contener y beber vino. “Su popularización se debió a tres motivos. Primero, no es necesario el uso de vasos, y con un mismo porrón bebe cualquiera que entre por la puerta. Segundo, sirve como medida de líquidos, algo importantísimo para épocas donde cuesta discernir el volumen de éstos. Y tercero, durante la Reinaxença se extienden los movimientos culturales que reivindican el conocimiento del territorio catalán, un hecho que cambiará la mirada sobre muchos aspectos cotidianos y propios, fortaleciendo el componente romántico y autóctono del porrón”.

Catalan con porron

Catalán con porrón. / QUINA LA FEM?

 

Implantado buena parte de España para el siglo XIX -la Real Academia recoge la actual acepción de la palabra en 1852-, el uso de nuestro querido artilugio siempre se vio como algo popular, cuando no directamente chabacano. Alcaraz afirma que siempre estuvo alejado de la corte y de las mesas más engalanadas. “Pensemos que la mesa siempre ha sido reflejo de estatus. Cuanto más poder, mejor vajilla, lo cual comienza por disponer de vasos individuales. Como dicta el refrán: “beure de porró, no fa senyor” (beber de porrón, no te hace señor)”.

Aunque su utilización ya no está tan extendida como en el pasado, el porrón sigue vivo en algunos bares y bodegas urbanas. El auge de estas últimas en ciudades como Barcelona ha traído con sigo un pequeño renacer del instrumento. “Lo piden más de lo esperado, y no sólo gente más o menos mayor, sino jóvenes que se atreven a mancharse la camiseta y beber con él”, cuenta Marc Miñarro, de la barcelonesa Bodega Montferry. “Por el motivo que sea, compartir la bebida en grupo resulta atractivo”.

 

El maestro y el aprendiz. / YOU TUBE-INSTAGRAM

 

En la Montferry sirven vino en porrón, pero también cerveza, moscatel y oporto. En Wine Fandango practican el vintonic, una mezcla sorprendentemente feliz de de vino y tónica. Carmen Alcaraz, en cuya casa el porrón siempre se asoció más a la cerveza, reivindica el matrimonio entre la variedad lámbica de esta bebida y el recipiente: “Cambia, por no decir que mejora, su sabor. En el Celler Cal Marino, por ejemplo, es la forma que tenemos muchos de disfrutar de una Cantillon o una Setembre (Ales Agullons)”.

¿Logrará nuestro héroe volver al lugar que nunca debió dejar de ocupar? Personalmente, me encantaría: para mí el porrón es el antídoto perfecto para toda la tontería que rodea al vino. Es risas, fiesta, alegría. Me lleva al pasado, a las reuniones familiares del verano y a cuando mi padre me enseñó a utilizarlo (con no pocos esfuerzos, dicho sea de paso) en su Rioja natal. “Yo recuerdo aprender a beber con los abuelos primero con agua, y luego ya con vino y demás”, coincide Marc Miñarro. “En mi opinión lo del porrón es algo esencialmente nostálgico. Y también romántico, por aquello de que cuando bebes en él tienes los pies en el suelo mientras miras al cielo”.

http://blogs.elpais.com/el-comidista

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