Rojos sin poetas

Rojos sin poetas

Este fin de semana llegaron manifestantes de todos los confines de España. Fue una hazaña. Vinieron nueve columnas por las seis carreteras que confluyen en Madrid. Exigieron, bajo los chaparrones y los árboles teñidos de oro, el fin del bipartidismo y la dimisión del Gobierno, después de muchos días pisando asfalto de lo que antes fueron caminos con ventas y caballeros andantes. No se cruzaron con locomotoras de barba blanca al viento, sino con el trajín y el ruido del tráfico. Con unas pancartas toscas y unos pareados vulgares, con cascos de moteros, paraguas y banderas de plástico, teléfonos móviles, miles de personas en 40 ciudades eligieron el eslogan islámico de la dignidad. Es que se están quedando sin estética, sin poetas.

Ya avisó uno de los cronistas inteligentes del 15-M que la protesta de Sol carecía de intelectuales relevantes. «En otros tiempos como Mao, Sartre o Neruda les salían pintadas greguerías bellas -debajo de los adoquines está la playa-, pero con modelos como Stéphane Hessel o Eduardo Punset a lo más que se llega es a un eslogan tan zafio como «no hay pan para tanto chorizo». Es que la posmodernidad de izquierdas desembocó en la fealdad y el mal gusto y, ahora, vivimos entre «una derecha inculta y depravada y una izquierda maniquea y cursi que prefiere el kitsch a la verdad» (Jon Juaristi).

Las movilizaciones las habían convocado IU, Podemos, Izquierda Anticapitalista, Equo, Alternativa Republicana, partidos parlamentarios y extraparlamentarios, multitud de siglas, pero ya no se veían en las cabeceras de las columnas los «salvapatrias de las escobas» como ha bautizado a los de Podemos Mariano Rajoy. Han entrado en el juego político, ni son de izquierdas ni de derechas. Según los comunistas del Sur se está urdiendo entre la casta y la anticasta el gatopardismo de la Segunda Transición con un rey recién estrenado y una grosse koalition.

La nueva izquierda ha barrido de su estética hasta el realismo socialista y ha olvidado aquellos pintores de la Transición como Genovés y otros que dibujaban multitud de caballos y de rojos, de grises y de bombas de humo. Escribió Trevijano que el capitalismo ha derrotado en todos los frentes al comunismo, excepto en el arte, pero después «la izquierda intelectual no ha tenido otro talento, desde que perdió su fe en el movimiento obrero, que el de crear eufemias con pensamiento débil».

En una de sus baladas, Rafael Alberti se preguntaba: «¿Qué cantan los poetas andaluces de ahora?». Lo escribía cuando cantaban a la revolución los poetas del mundo, y dibujaban afiches para las barricadas Picasso o los muralistas mexicanos como Siqueiros, cantando la fraternidad hacia los que duermen en camastros. Ya en el siglo XIX se entregaron a la lucha artistas como Delacroix con Libertad guiando al pueblo o Baudelaire y Rimbaud, excelsos poetas. Hoy, a los nuevos rojos les interesan más los mítines de plató que los que piden pan, techo y trabajo.

RAÚL DEL POZO

http://www.elmundo.es/opinion

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