Alemania es un policía

Alemania es un policía

Sol, toros, crisis, flamenco y paellas. En España, marca registrada, los tópicos  siguen marcando imagen. La cuña de la crisis es la única incorporación en la lista de trending topics  que revelan las últimas encuestas europeas. Si España está formada por átomos rabiosos que se muerden entre sí (así la definió el poeta León Felipe) Europa adolece del mismo mal. Es una unión de países, financiada, creada y diseñada por las empresas multinacionales para suprimir fronteras y regulaciones para sus capitales y sus códigos. Qué piensan los alemanes de los españoles, qué piensan los franceses de los alemanes, qué piensan los portugueses de los españoles, qué piensan los holandeses de los griegos, qué piensan los británicos de todos los demás… Mejor no saberlo porque, bajo la simplificación de los sondeos, subyace un inconsciente colectivo del que es difícil desarraigar memorias de enfrentamientos históricos y bélicos en los que el patriotismo obligado y obligatorio justificaba la demonización y la animalización del adversario.

En el preludio de las dos guerras mundiales del siglo XX, insistían los anarquistas en sus teorías internacionalistas: una guerra entre dos países era una guerra entre obreros reclutados como carne de cañón a los dos lados de la frontera. Las consignas bélicas, los himnos marciales y las demostraciones patrióticas enajenaban la voluntad popular, las banderas dejaban de ser trapos decorativos para volver a ser símbolos, estandartes con los que tapar la disidencia, aparcar la lucha de clases y desprenderse de los excedentes de población.

La bárbara irrupción de la Alemania de Hitler en el tablero de Europa forzó las cosas, luchar contra el nazismo era una buena causa por la que sacrificaron sus ideales y sus vidas millones de trabajadores de la clase de tropa. Los héroes se reclutaban entre la oficialidad y entre los generales, el más heroico de los generales era el que más bajas había tenido en la última batalla. Los liberadores vinieron de Rusia y de los Estados Unidos que se cobraron sobradamente sus intereses y se repartieron el mapa del continente con un telón de acero. La lucha entre Stalin y la Coca-Cola se decantó del lado de la segunda. Entre el capitalismo puro y duro y el capitalismo de Estado que Stalin llamaba comunismo, se abría una brecha providencial, una guerra fría para seguir calentando los ideales patrióticos, tan útiles y necesarios como coartada para mantener el control de las masas y adoctrinar al pueblo indocto.

De vuelta a los sondeos, que siempre ocultan más de lo que revelan, la opinión pública sobre los alemanes que tienen los españoles bascula entre la sumisión y el reconocimiento de su superioridad y la desconfianza y el resquemor de una parte creciente de la población que achaca a los alemanes vicios que son de sus gobiernos. Conozco a algunos ciudadanos alemanes que se mostrarían muy ofendidos de tener a Angela Merkel como referente nacional. En España no hay caso, Rajoy no es referente de nada, es la propia nada, inane, inoperante y totalmente prescindible, un lujo que no podemos permitirnos, un día le votaron por encima de sus posibilidades y ahí sigue con una línea de sucesión inquietante, poblada de átomos rabiosos y fieras antropófagas.

Moncho Alpuente

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