Día de Andalucía

Día de Andalucía

De una somera observación se deduce que, entre Andalucía y otras zonas de este país de países que es España, hay una diferencia: la soledad que envuelve sus más genuinas expresiones. El cantaor jondo canta a solas, frente a las polifonías y los coros del Norte; el mataor batalla a solas con su toro, frente a los multitudinarios encierros de otras geografías; el bailaor dialoga consigo mismo en el pavés erguido de la danza, en contraposición a otros danzarines conjuntados. ¿El andaluz, en cuanto roza el arte, se ensimisma? Es posible; pero hay que razonarlo. Andalucía es una fusión de contrarios; una reducción quizá no a la unidad, pero sí a la amistad de elementos habitualmente encontrados. El que pretenda conocer -o aproximarse- el alma andaluza tiene que estar curado de espantos y de contradicciones: lo que se cumple en el ensimismamiento y la concentración es lo que, en general, se considera precisamente un espectáculo: los toros, el cante, el baile, la saeta… Todo teñido por un matiz ceremonial: una intimidad ofrecida desnuda y entreabierta; un pudor que cierra los ojos para no ver que es visto; la sacralización de alguien, que representa a los espectadores, los personifica y los exalta. Unos espectadores no ajenos, sino participantes. Tanto que, sin ellos, no tendrían sentido ni la voz ni el gesto, ni la emoción ni el arte. Hoy hay mucho que decir, pero nada tan luminoso como esto.

ANTONIO GALA

http://www.elmundo.es/opinion

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