Grecia debe morir

"Grecia debe morir.
Asumámoslo. Los griegos no pueden ganar. Ese es el verdadero problema. Simple y llanamente no pueden ganar ni siquiera un poco porque, si lo hacen, se vendrá abajo esa gran estafa europea conocida como “austeridad”. Grecia, como Romeo, debe morir.
No se trata de que sus peticiones resulten poco razonables, económicamente inviables o simplemente estúpidas. Se trata de que Merkel, Rajoy o Cameron no sabrían cómo explicárselo a sus opiniones públicas y a sus votantes sin acabar embreados con plumas y alquitrán como los tahures del viejo oeste.
El riesgo que tratan de evitar los fetichistas de la austeridad no es la bancarrota de Grecia, su salida del euro o o que el Gobierno de Syryza acabe resultando un desastre. Buscan evitar precisamente lo contrario: la siquiera remota posibilidad de que pueda salir bien y se demuestre que la austeridad sólo supone una coartada para imponer un cambio de régimen, desde la democracia de vuelta a la plutocracia.
Si los griegos consiguen un acuerdo razonable, ordenan su economía fuera del yugo de la austeridad por cualquier medio necesario, implementan las reformas que deberían sacar a Grecia de la desigualdad, el clientelismo y la corrupción, vuelven a crecer y crear empleo y empiezan a pagar lo que deben, quedarían como los timadores que son esos mismos gobernantes que llevan un lustro jurándonos que no hay otro remedio que aplicar políticas de sufrimiento masivo y asustándonos con pavorosos historias de mercados feroces, populistas al servicio del oro de Venezuela y radicales viciosos.
La negociación con Grecia tienen bien poco que ver con la economía. El único riesgo moral que realmente asumimos yace en la catadura moral que están acreditando gobernantes y ministros que acusan a los griegos de haberse fumado alegremente el dinero de nuestra pensiones o nuestros medicamentos. Ni siquiera Europa se comporta como un acreedor preocupado únicamente porque le devuelvan su dinero. No quiere cobrar, quiere castigar.
Se trata únicamente de demostrar quién da las órdenes y a quién no le queda más remedio que obedecerlas. No se trata de que los griegos nos devuelvan ese dinero que decimos que nos deben como si muchos hubieran ido a llevarlo personalmente a Atenas sacándolo de su bolsillo. Se trata de que los griegos aprendan de una vez y para siempre quién manda aquí.
El Gobierno griego debería ser un poco más listo y, ademas de gustarse tanto en las ruedas de prensa y verse ideal en las imágenes de los telediarios, debiera preocuparse por jugar a este juego de tronos con la prudencia, la sobriedad y la paciencia que permiten acabar ganando.
Antón Losada."

 

Asumámoslo. Los griegos no pueden ganar. Ese es el verdadero problema. Simple y llanamente no pueden ganar ni siquiera un poco porque, si lo hacen, se vendrá abajo esa gran estafa europea conocida como “austeridad”. Grecia, como Romeo, debe morir.

No se trata de que sus peticiones resulten poco razonables, económicamente inviables o simplemente estúpidas. Se trata de que Merkel, Rajoy o Cameron no sabrían cómo explicárselo a sus opiniones públicas y a sus votantes sin acabar embreados con plumas y alquitrán como los tahures del viejo oeste.

El riesgo que tratan de evitar los fetichistas de la austeridad no es la bancarrota de Grecia, su salida del euro o o que el Gobierno de Syryza acabe resultando un desastre. Buscan evitar precisamente lo contrario: la siquiera remota posibilidad de que pueda salir bien y se demuestre que la austeridad sólo supone una coartada para imponer un cambio de régimen, desde la democracia de vuelta a la plutocracia.

Si los griegos consiguen un acuerdo razonable, ordenan su economía fuera del yugo de la austeridad por cualquier medio necesario, implementan las reformas que deberían sacar a Grecia de la desigualdad, el clientelismo y la corrupción, vuelven a crecer y crear empleo y empiezan a pagar lo que deben, quedarían como los timadores que son esos mismos gobernantes que llevan un lustro jurándonos que no hay otro remedio que aplicar políticas de sufrimiento masivo y asustándonos con pavorosos historias de mercados feroces, populistas al servicio del oro de Venezuela y radicales viciosos.

La negociación con Grecia tienen bien poco que ver con la economía. El único riesgo moral que realmente asumimos yace en la catadura moral que están acreditando gobernantes y ministros que acusan a los griegos de haberse fumado alegremente el dinero de nuestra pensiones o nuestros medicamentos. Ni siquiera Europa se comporta como un acreedor preocupado únicamente porque le devuelvan su dinero. No quiere cobrar, quiere castigar.

Se trata únicamente de demostrar quién da las órdenes y a quién no le queda más remedio que obedecerlas. No se trata de que los griegos nos devuelvan ese dinero que decimos que nos deben como si muchos hubieran ido a llevarlo personalmente a Atenas sacándolo de su bolsillo. Se trata de que los griegos aprendan de una vez y para siempre quién manda aquí.

El Gobierno griego debería ser un poco más listo y, ademas de gustarse tanto en las ruedas de prensa y verse ideal en las imágenes de los telediarios, debiera preocuparse por jugar a este juego de tronos con la prudencia, la sobriedad y la paciencia que permiten acabar ganando.

Antón Losada.

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