Leyenda hasidica

woody

Un hombre, que no podía casar a una hija suya muy fea, visitó al rabino Shimmel de Cracovia.
-Tengo una gran pena en el corazón -le dijo al Rey- porque Dios me ha dado una hija fea.
-¿Cuán fea? -preguntó el rabino.
-Si la tumbara en un plato al lado de un arenque, usted no podría distinguir quién es quién.
El rabino de Cracovia pensó un largo rato y por último pre¬guntó:
-¿Qué clase de arenque?
El hombre, sorprendido por la pregunta, pensó rápidamente y contestó:
-Eh… un arenque Bismark.
-¡Qué lástima! -exclamó el rabino-. Si fuera del Báltico tendría más posibilidades.
He aquí un cuento que ilustra la tragedia de las cualidades transitorias de la belleza. ¿Se parece realmente esta muchacha a un arenque? ¿Por qué no? ¿Habéis visto algunas de esas cosas que caminan por ahí estos días, sobre todo en lugares de veraneo? Y aun cuando así sea, ¿acaso todas las criaturas no son hermosas a los ojos de Dios? Quizá, pero, si una muchacha parece estar más a sus anchas en un frasco con salsa de vinagre que en un traje de noche, entonces sí tiene graves problemas. Por una extraña casualidad, se decía que la mujer del rabino se parecía a un calamar, pero sólo de frente, aunque su tos carrasposa suplía con creces este defecto -algo que no alcanzaré jamás a comprender.

extracto del libro: Como acabar de una vez por todas con la cultura

Deja un comentario