Madrid Ficción

Madrid Ficción

No me tiren de las orejas. Ya sé que los venenosos colmillos de la sacrosanta actualidad rebosan de asuntos palpitantes, pero la irritación no exenta de hilaridad que todos los años suscita en mí esa apoteosis de la majadería llamada Madrid Fusión me constriñe una vez más a cederle el protagonismo de mi columna. Hace exactamente doce meses propuse en ella un neologismo que goza ya de jocosa aceptación: bullipollez. Cité entonces algunas de ellas, escogidas entre las más descacharrantes para recreo de los lectores sensatos, pero nuestros cocineros, a los que los palurdos de la creciente cursilería ibérica llaman chefs, no cesan en sus esfuerzos por devastar la gastronomía -otra cursilada- y año tras año, con unánime palmeo de los medios de comunicación, añaden nuevos despropósitos a la carta de bullipolleces. Uno de sus más destacados representantes propone una receta «evocadora del mar de invierno en Cádiz» (sic) y muy apropiada para merluzos que mezcla huevos trufados en plancton (sic), algas marinas, sebo de sangre de dorada (sic) y chicharrones de morena (sic) sobre un fondo luminiscente (sic). Lo que no sé es si se sirve en tabla de surf, deporte muy popular en la zona. Otro bullipollas agita en su probeta de químico un cóctel de angulas con ron e infusión de hojas de tabaco tostado. Otro, que se despacha por sumiller, aconseja beber el vino con pajita (¡marchando otra de chufa!) o servirlo ora en pipeta, ora con la ayuda de una cuchara que él mismo introduce -ésta, por papá; está por mamá; ésta por Frank de la Jungla- en la boca del comensal. Otro habla de comer olores: cocina sinestésica (soy yo quien la bautizo así… ¡Diccionario, chef!). Otro, la cocina vampírica (sic), consistente en extraer la sangre de los pescados, como en la receta del mar de invierno gaditano, pero en la que también caben, digo yo, antiguallas como las morcillas de Burgos, la lamprea a la bordelesa, la sobrasada mallorquina, el solomillo bien saignant y la sangre encebollada. Pongo fin a las paridas y recuerdo a los lectores aficionados a la buena mesa que en la gastronomía (perdón) ibérica existen cosas tan creativas y tan poco bullipollas como el gazpacho, la tortilla de patatas y los bocadillos de calamares. Lo de Madrid Ficción es retruécano que apunta a la evidencia de que el supuesto prestigio universal de los bullipollas es, como Podemos, una invención de periodistas. ¡Si Julio Camba levantase la cabeza!

FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ

http://www.elmundo.es/opinion

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