Pablo persigue a Pablo

Pablo persigue a Pablo

Ulises

La España mangona, timbera, la de los sobornos y las evasiones, está siendo sometida a una purificación, con el peligro de que los incorruptibles se conviertan en perseguidores y los perseguidos en inquisidores.

Los revolucionarios de Sol empiezan a ser víctimas de su propuesta de desinfección. Odiaban los vicios del bipartidismo. Según la teoría maquiavélica, odiaban a la Humanidad porque de hombre a hombre va muy poco y todos los hombres son malos, con escasas diferencias; lo que puede hacer la democracia no es evitar que sean malos, sino controlarlos con las leyes. Gracias a la obsesión del incorruptible Pablo Iglesias, el maniaco fisco investiga a Pablo Iglesias. En un juego de paranoicos, escudriñarán sus declaraciones de Hacienda, sus facturas de televisión, buscarán en la librería sus Bin Laden y, al final, harán una felación con su sangre, como si fuera Al Capone.

El ventilador está a plena marcha. No sé por qué Simona Levi, italiana, actriz, activista, líder del 15-M, que hizo teatro en el barrio del Raval, portavoz de X.net y del Grupo de Trabajo Contra la Corrupción ha declarado que el soborno es el resultado de una trama para delinquir, que tiene como centro los partidos semimafiosos.

Yo creo que la corrupción era el sistema, pero los controles están empezando a funcionar. La Policía Judicial no es el lechero y ayer mismo inició la redada para entalegar a 90 políticos y empresarios en Cádiz, Málaga y Almería; entre ellos, dirigentes locales del PSOE, del PP y hasta un cura.

Centenares de ex presidentes, alcaldes, concejales, empresarios, conseguidores, cupletistas, princesas… están siendo guardados y, si la purga ibérica no llega a ser la Tangentópolis que procesó a la mitad de los parlamentarios de Italia y hundió el sistema de partidos, se le aproxima.

Claro que hay quien quiere llegar hasta el final del laberinto sin lograrlo. Como escribió desencantado Sciascia: «Nunca se sabrá ninguna verdad respecto a hechos delictivos que tengan relación, incluso mínimamente, con la gestión del poder». Nunca llegaremos, signora Simona Levi, Charlotte Corday del Raval, a aquella época que narra Cervantes, cuando en las afueras de Barcelona a los ladrones y forajidos se les ahorcaba de 20 en 20 y de 30 en 30, porque vivimos en una democracia. Pero mire usted la lista de defraudadores de Falciani, donde van siendo colgados metafóricamente los intocables de la patria. Y dice Cristóbal Montoro que lo que ha salido es sólo el aperitivo.

Los partidos se vigilan a sí mismos, nadie pone la mano en el fuego por nadie, ni se atreve a someterse a la ordalía o juicio de Dios. En las sedes funciona como nunca lo del homo homini lupus o la desconfianza churchiliana: los adversarios están enfrente; los enemigos, atrás, deseando que los adversarios aparezcan en la lista Falciani.

RAÚL DEL POZO

http://www.elmundo.es/opinion

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