Reino Unido podría autorizar hoy los bebés con «tres padres»

Los diputados decidirán si legalizan la reproducción asistida con genes de tres individuos con el fin de evitar la transmisión de enfermedades mitocondriales

 

El Reino Unido ha estado siempre en la vanguardia de las modificaciones en laboratorio del origen de la vida. En 1978 nació en Cambridge la primera persona fecundada in vitro, Louise Brown, que hoy tiene 36 años y es madre de un hijo de 9 años, concebido de manera natural. Aquella técnica, que suscitó en su día enormes dudas morales, ahora es rutinaria en todo el mundo.

En 1996 nació en Edimburgo la ya difunda oveja «Dolly», el primer mamífero adulto clonado. Hoy, el Reino Unido puede convertirse en el primer país del mundo que aprueba la creación de bebés que comparten el ADN de tres personas.

A las tres horas GMT de esta tarde comienza el debate en el Parlamento de Westminster y se espera que una hora después decidan en conciencia los parlamentarios, a los que sus partidos han dado libertad de voto. El Gobierno conservador de David Cameron ha dado a entender que apoya la reforma.

La Iglesia Anglicana y la Católica se oponen por motivos morales de seguridad científica de la técnica. La califican de «irresponsable» y contraviene su doctrina sobre la vida. Sin embargo cinco premios Nobel británicos respaldan la vía que ha abierto la ciencia, que comparan con «sustituir las baterías de un coche cuando no funcionan».

Lo que se vota esta tarde es una enmienda a la Ley de Fertilización Humana y Embriología del 2008. En la práctica daría luz verde a lo que popularmente se conoce como «el bebé de tres padres», una técnica de donación de óvulo que evitaría enfermedades genéticas que en Reino Unido pueden transmitir unas 2.000 mujeres. Las madres con problemas presentan defectos en el ADN de las mitocondrias de sus óvulos, lo que puede provocar que los niños nazcan con daños cerebrales y musculares, problemas cardíacos severos o ceguera.

Explicado a grandes rasgos, se trataría de extraer el núcleo del óvulo de la madre e implantarlo en el óvulo de una donante sana, cuyo núcleo se habría extraído previamente. Una vez que gracias a la donante se ha creado ese óvulo modificado y sano, sería fertilizado con el esperma del padre e implantado en el útero de la madre. El «bebé de tres padres» tendría en realidad solo un 0,1% del ADN de la donante, pero se habrían eliminado las enfermedades genéticas hasta ahora inevitables.

La mayoría de los científicos aplauden el paso. Cuarenta científicos de catorce países han salido a respaldarlo y también el presidente de la prestigiosa Royal Society británica. La Autoridad de Fertilización Humana y Embriología, el órgano gubernamental que entiende del tema, ha presentado tres estudios científicos que avalarían la seguridad del procedimiento, aunque algunos de sus colegas replican que esos trabajos no ofrecen plenas garantías. La sociedad está dividida, aunque quienes están a favor van por delante: 40% frente a 30% que dicen «no».

Los primeros bebés, en otoño

Otro 30% reconoce que le falta información. Si la reforma sale hoy adelante, en octubre se iniciarían los primeros experimentos y los bebés pioneros nacerían en otoño. Lo que se quiere hacer en Gran Bretaña fue prohibido en Estados Unidos en 2012, aunque se cree que hace quince años una clínica recurrió ya a ese sistema en la gestación de 17 niños.

Los científicos partidarios enfatizan que abre una esperanza a evitar enfermedades terribles y se permitirá que muchos padres condenados por la lotería genética puedan ahora tener hijos sanos. Pero al fondo se levanta el miedo al «Mundo Feliz» de Huxley, un horizonte inquietante, donde los más pudientes podrán programar sus bebés a la carta, más inteligentes, más atractivos, más sanos. Por ahí apunta la diputada tory Fiona Bruce, que se ha erigido en la líder opositora a la reforma, contraviniendo las directrices de su premier: «Estamos hablando ni más ni menos que de legalizar la ingeniería genética. La nueva técnica consiste en alterar el futuro del ser humano reemplazando unos genes por otros».

Las Iglesias, en contra

Las Iglesias cristianas concuerdan. Los anglicanos hablan de una iniciativa «irresponsable», porque «no hay seguridades ni éticas ni científicas». La organización Human Genetics Alert teme un mundo de «bebés a la carta». David King, uno de sus portavoces, ha advertido en la BBC que «una vez que se cruza la línea ética es muy difícil no dar el siguiente paso, los bebés de diseño». A su juicio, «estamos siendo empujados a ese precipicio por miles de personas a los que se les paga por ello», añade en alusión a los lobbies científicos.

Sin embargo, algunos de los investigadores partidarios llegan a decir que es algo tan sencillo «como una transfusión de sangre ante una grave anemia». El doctor Gillan Lockwood, por ejemplo, explica que «es un pequeño cambio en la legislación que solo hará que las pilas trabajen bien, no cambiará el peso, color de ojos, inteligencia…». Las asociaciones en defensa de la vida se declaran en cambio «horrorizadas».

El punto de emoción humano lo aportará la presencia en el Parlamento de Jessica Newel, una niña que padece el síndrome de Leigh, una enfermedad neurodegenerativa. Acudirá junto a sus padres, Keith y Vicky, de 38 años, que ya ha dicho que intentaría ser la primera madre que alumbra un hijo sin problemas gracias a la nueva técnica. Algunos diputados abogan por una vía intermedia: aplazar la decisión hoy y votar cuando existan estudios científicos todavía más concluyentes.

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