Día del Libro

Día del Libro

Entrè en la librería despacito, como si entrase en una iglesia silenciosa y umbría. En un bolsillo del pantalón, unas monedas. En aquel ordenado bosque de estanterías el tiempo no contaba. El libro deseado lo llevaba viendo días atrás. Se me acercó un dependiente alto. La mano sobre mi espalda, me empujó a la sección de cuentos. Con voz clara, repetí lo que había ensayado muchas veces: “Quiero Las mil mejores poesías de la lengua castellana”. “¿Para un regalo?”, preguntó. “No. Para mí.” Tengo aquel manoseado tomo ante mis ojos. Ha perdido la portada y la contraportada, las páginas primeras y algunos de los índices. Desencuadernado, sus hojas de papel amarillento se rizan por los bordes y se traban. Los primeros versos son del Poema de Mío Cid. En ellos dice adiós a su familia… Entre ese y el último poema, ocho siglos cabales y semejante métrica: la inmensidad de la lengua castellana. Cuánto he aprendido en este libro, y qué imperturbable compañía encontré siempre en él. Entre estanterías he pasado la vida. Ante la enorme mesa abarrotada de libros la he vivido… Siempre me acompañaron, por donde he ido desde aquellos siete años, mis dos primeras propiedades: el libro de las mil mejores poesías y la pintura en cristal de una virgencita lectora, regalo de mi abuela. Mi destino, por tanto, estaba claro. Ya lo he cumplido entero.

Antonio Gala

http://www.elmundo.es/opinion

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