Elogio de la impuntualidad

aranoa_4  Llegaba tarde a todas partes. De la comida, alcanzaba sólo a probar los postres. De las películas, los finales.
Jamás asistió a primer acto, presentación o preludio. Se ahorró prolegómenos y palabras introductorias. Se especializó, por contra, en las prórrogas y en los bises, en los epílogos de los libros, en su fe de erratas.
Con los años empeoraron los síntomas.
Encontraba cerrados sin remedio cines, bares y librerías. Iba a comer, pero llegaba a cenar. Acudió a su primera entrevista de empleo, pero llegó a su despido fulminante. Del amor de su vida conoció sólo el humo de las cenizas. Partió a la guerra para olvidarla, pero llegó a la paz.
Vivió la vida a destiempo, y hace ya meses que le aguarda la muerte, pero él, que lo sabe, se hace esperar.

* A mis victimas

Fernando León de Aranoa

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