Oscuras consecuencias

Oscuras consecuencias

Una de las cosas que amargan más la vida son los remordimientos. A veces se reducen a la resaca de una mala acción, pero no siempre. Hay que distinguir entre la culpa y el sentimiento de culpabilidad. El segundo es más peligroso: un enemigo que nos habita o con quien convivimos; que puede acercarse a nosotros sin precauciones ni invitaciones previas.La libertad, para ser absoluta, tendría que ser irresponsable. O sea, igual que la falta absoluta de libertad: si -a lo que se aspira en los conventos y cuarteles- uno hace voto de obediencia y lo cumple, nada podrá achacársele. La muerte de la voluntad, como su culmen, no acarrea secuelas: el no ejercicio y el ejercicio puro se traducen en actos asépticos, que en sí mismos se agotan. Sin embargo, la realidad es diferente. La libertad, cercada por otras libertades y por infinitas sugestiones, consiste en la posibilidad de elegir -es decir, de renunciar a lo que no se elige- y en la responsabilidad por lo elegido. Tal atenerse a las consecuencias nos abruma. Esa es la causa de que el ser humano vuelva la cara hacia su infancia como al paraíso perdido. Se dice de un niño que es feliz porque la culpa y la sanción de la culpa van tan unidas a su edad que no hay lugar para el remordimiento. El niño sabe que un liviano castigo lo libera del todo. Y para siempre…

ANTONIO GALA

http://www.elmundo.es/opinion

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