Suicidio

Suicidio
No es raro que los artistas se suiciden más que los notarios o los dentistas, por ejemplo. Pero, también, los periodistas registran una notable tasa de suicidios. La cuestión radica en que determinadas profesiones son, literalmente, demasiado expuestas.

Un dentista puede ser bueno malo o regular pero su identidad se encuentra a una distancia suficiente para que el fracaso de una intervención no llegue a perjudicarla. La autoestima sube o baja con los aciertos o fracasos de la actividad profesional pero esos vaivenes no tienen por qué tambalear la oferta que del yo esencial hace el dentista.

Con el artista llega a ocurrir, sin embargo, que el yo es su materia prima, mercancía vital, y viceversa. Las mercancías del artista son destilaciones, fragmentos o figuras del propio yo.

Ser aceptado reproduce la confortable sensación de ser acunado maternalmente pero el rechazo de la obra, el desdén de la mercancía propia, hace sentir al yo que el mundo no lo quiere consigo.

Consecuentemente el artista no se quiere tampoco consigo: no conseguir ser comprendido y admirado conlleva quedar a expensas – expuesto- ante la propia e incorregible basura. El suicidio entonces viene a ser como el ácido sulfúrico que borra al ser y elimina sus detritus.

Articulo de Vicente Verdù

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