Todo el mundo fuè de mi parecer, y sin embargo no encontrè a nadie que quisiera aceptar el trato de convertirse en imbècil para vivir contento.

De lo cual deduje que, aunque apreciamos mucho la felicidad, aùn apreciamos màs la razòn.

Pero, despuès de haber reflexionado sobre el asunto, me parece que preferir la razòn a la felicidad es ser muy insensato.

¿Còmo, pues, puede explicarse esta contradicciòn?.

Como todas las demàs.

Hay aquì materia para hablar muchisimo.

Voltaire 

 

Deja un comentario